Betina Barrios Ayala

Posts Tagged ‘Poesía’

Primavera

In Caracas, Diario, Poesía on mayo 28, 2017 at 9:32 pm
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Miseria (1886) Cristóbal Rojas

Observo

las prendas rotas, gastadas

los espirales humanos

las mujeres devorando el pan

 

Pienso

hay lecciones escondidas en las orillas de las cosas

hay banderas sostenidas por la furia de los hombres

 

Quiero

unirme a los respiraderos del mundo

sacar la rabia de mis huesos

clarificar los espejos del agua

 

Camino

con una mano en el tórax

Trato de sanar

el impacto

o L a

In Autobiografía, Caracas, Diario, Poesía on marzo 29, 2017 at 10:17 am
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The wave (1870) Gustave Courbet

mansa puedo ser agua quieta en su contorno plácida espejo calmo transparente

 

puedo emitir todas las respuestas, darte sosiego, viéndote en mí. la línea de mi cuerpo uniforme, agua quieta, puedo ser plana, fuerte, una larga columna azul. si llega la marea, suben algunas líneas, me segmento en curvas, una ola, nada muestra que no sea ella, abominable espuma blanca que el cristal disuelve en su interior. arraso con todo, me trago, vomito, me retraigo, salgo, me digo, nada soy, acabaré con todo, acabaré conmigo, como una ola arrecia, envolviéndose, ira que arrastra, demuele, desaparece

tensa calma                                       mi espejo

     el agua                             soy

 

mar abierto                                                           el mar

Nimiedades

In Caracas, Diario, Poesía on marzo 2, 2017 at 8:25 pm
Tiempo lleno (1991) Juan Genovés

Tiempo lleno (1991) Juan Genovés

Pienso en niñerías

tonterías

Pienso en nimiedades que digo

que no importan

Me lo digo

en voz alta

Digo

Escucho

A los loros llegar al árbol naranja

y ser nubes verdes

mimetizadas con las hojas

pequeñas nubes

decorosas

ruidosas

diciendo tonterías

ni mi edades

Vacío

In Autobiografía, Caracas, Diario, Poesía on enero 15, 2017 at 1:42 pm
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Torqued Spiral (2000) Richard Serra

Entonces

cuando aparecen

todas esas veces

en que pregunto

qué es lo que quiero

abrazo el viento

parece todo

y no hay

nada

Perfil

In Autobiografía, Caracas, Poesía, Uncategorized on diciembre 15, 2016 at 9:36 pm
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Ícaro Calcinado (1967) Alejandro Obregón Rosés

Somos pocos los que no buscamos

solos

un rebaño complaciente

 

Somos pocos los que no encontramos

placer en ser

arrastrados por las olas

cúmulos falsos

de cosas

 

El corazón no me late

al unísono

de bandas

de mi propia especie

Inciso

In Caracas, Diario, Uncategorized on octubre 17, 2016 at 11:40 am
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Wind from the sea (1947) Andrew Wyeth

A veces quisiera copiar sin más las palabras.

A veces quisiera no dudar tanto, para buscar menos. No quiero buscar nada en realidad, pero solo me engancho con aquello que de algún modo pide ser perseguido.

Yo quisiera escribir todas estas palabras, y sentarme cada día junto a ellas, dejarlas salir, y que se dispongan a saltar en el papel, musicales y suaves, como todo lo que amo.

Septiembre

In Caracas, Poesía on septiembre 26, 2016 at 2:54 pm
Door to the river (1960) Willem de Kooning

Door to the river (1960) Willem de Kooning

La dureza la dejo en las piedras

y el agua que lave las máscaras

abrir los ojos

es ver

ter

el poema

 

Mi cita es con la hora de la luz

por la orilla del sentimiento

no

Reafirmo la música

de los pasos

dados

 

11

In Caracas, Diario, Libros, Poesía, Reflexión on septiembre 12, 2016 at 9:40 am
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#SpaceFlowers (2016) Scott Kelly

Me siento en el banco del parque. Miro al cielo, siempre. Las nubes pasan, blancas y ligeras. Dibujan formas y espumas que se disuelven. Y yo soy tan triste y absurda. Casi siempre rompo a llorar sola, sin ningún motivo, luego de haberme pasado horas riendo y bebiendo. Miento, casi siempre. Así sea en pequeñas dosis. O en dosis que creo pequeñas, que no importan. Les miento a todos, con mi fachada tranquila, fluida, que no deja ver nada. No me interesa la grandilocuencia. La verdad, prefiero las cosas parcas, llanas. Pero también es cierto que soy la contrariedad. Y me sumerjo debajo de olas que me sepultan, grandes olas vacías, huecas, que me sobrepasan, me hacen girar sobre mí misma y me depositan de nuevo en la orilla, desnuda, mareada. El revoltijo hace nido en el centro de mi panza, y unas cosquillas ridículas, nerviosas me castigan. Y mi cabeza crece, se abomba de pensamientos tontos que no llegan a nada. Y hablo sola, mil veces, mientras camino de un lado a otro, y me repito lo que debo hacer cada día, las cuestiones pendientes, y el tiempo que apremia detrás de mi sombra confusa que se destiñe, y va goteando, exprimiendo partes que pensé me pertenecían. Soy una fábula de animal perdido. No dejaré que nadie me lleve a su falso techo. Vivo tras la vitrina que muestra la calle sincera y rota. Los personajes se suceden y me conmueven. Las mujeres con su pelo de colores, que transforma la luz en vetas maravillosas. Parece que flotan algunas mujeres. Y el loco. Ese loco que llega tras el vidrio disgustado. Asoma la ira de sus ojos. Pelea con quien pueda hacerlo, sea par o inanimado. Y despliega toda su rabia que a veces me da miedo, y otras, soy él. Llena de rabia quisiera aparecer así tras la vitrina, y reventar la fachada del mundo, que no hace más que volver trizas el lenguaje y la memoria. Mundo enfermo y falso, rico en demonios cansinos, en ciclos absurdos que le hacen rodar. Condenada forma del mundo, nos has hecho ver que todo gira, rebota en la inmensidad. Somos el eco continuo del mismo error, de la misma trama repetida. Basta de imaginaciones que evocan dioses que no existen. Qué tontería idealizar, si el mundo es mundo. Nunca jamás será otra cosa que una esfera hermosa, pero condenada a permanecer atada a un camino espacial que no puede ser otro. Así es la vida nuestra. Una sola ruta que da vueltas. Nada marcará el inicio de nada. El patrón se repite hasta el infinito. Es la lógica universal. Y el loco. Llega tras el vidrio como un gato fiel, cazador feliz que trae su presa. Abandona las ofrendas en la puerta del lugar. Y soy tan cobarde que le temo. No le puedo mirar. Hundo la cabeza en el libro que sea. En todos esos libros que me rodean, menos mal. Los pasaportes a cualquier parte, los cuencos donde dejo que se vaya toda mi tristeza, los vasos de los que bebo a mis hermanos que me dicen que no estoy sola, que la cosa es así de densa, que duele mucho todo, la vida, amigos. ¿Amigos?

Sedimento

In Caracas, Poesía, Uncategorized on mayo 27, 2016 at 9:11 pm
IS0689

Aerial Series ISO689, Islandia Emmanuel Coupé

Me he arrojado a los leones.

Abro los ojos y soy una cebra, las marcas mi cuerpo tallan. Llevo el temblor dentro, y el templo de tu abrazo es solo escombros. La figura del hombre cayendo que se asoma con el alba es un reflejo. Soy un gato, me agazapo. Ahora espero el momento de saltar. Huiré entre los árboles, soplaré el viento de tu dulce nombre. Desapareceré y mudaré de piel. Me dejaré ir, desdoblaré el recuerdo, hundiré tu sombra detrás de las sombras más oscuras de mi memoria. No cuidaré tus ojos verdes.  Dulce verde campo minado de bruma, la transparencia escapa de tu reino. Acuéstate sobre mis heridas, estampa tu cruda visión. Aguárdame en las horas en que nada te pueda cazar. Hazme el regalo de arder, yo descanso en la tumba de nuestro nombre. No soy más que cenizas. El campo desierto donde yace tu venganza. No me asomo al duelo. Tus pasos crujen en la habitación de al lado: leche derramada, añicos dispersos. Amaneceré de rodillas en la cama, los ríos de tu sangre me atraviesan. Desnudaré mis lágrimas en la plaza de toros donde yo soy la estocada, la herida, la abertura que signa tu lanza. Divertido espejismo de un compañero vestido de garza blanca.

 

 

¿Qué soy?

el faro de tus miedos
el espejo que te nombra
la gota dulce que se vierte
la huida inevitable
las ganas de llover

 

Red

In Caracas, Diario, Poesía, Uncategorized on mayo 16, 2016 at 9:13 am
Rothko, Untitled, 1970

Untitled (1970) Mark Rothko

Siento un inmenso hartazgo hacia todo y desde todo. No puedo gritar, da lo mismo. Busco escribir esto, abro la gaveta, consigo un marcador fino rojo. Me fijaré en todas las cosas que he escrito en rojo en mis cuadernos. Aparece el color rojo justo cuando es una emergencia. Las palabras comienzan a llover mientras estás haciendo otra cosa. Temes que se desintegren en el recuerdo. Te vuelves a decir que necesitas un grabador de voz ¿Vuelves a decirte que necesitas? Es el color rojo. Buscaré algo que haya escrito también antes bajo este impulso y esta causalidad. Buscaré el vínculo entre la sangre, lo vital, que borbotea; y las palabras urgentes escritas con tinta roja. Aquí hay una, es una cita de Lorca:

‘En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida’

Flota en el centro de la hoja, una nube roja. Estoy en ella tanto como si la hubiese escrito. La reescribo en mis páginas como una extensión de mis dedos, de mis uñas mordidas, con sus hilos grana en los contornos, con ese dolor en las esquinas.

Más adelante, un poema:

Sé que soy la hija de mi abuelo,

cuando vierto el agua en los tobos de mi memoria,

soy de él entre los árboles,

cuando escucho los pájaros,

cuando me siento triste

 

El primer patio,

todas las horas de tierra húmeda,

donde todos mis santos

florecieron entre sus pasos

Y este texto, que pasará a ser un discurso rojo en el mismo cuaderno, que tiene esos pedazos de algunos días que he dejado algunos impulsos por decir. Así es que hoy, tengo hartazgo porque aparece en todo, porque nunca he estado más segura de ser una isla, nunca he deseado tanto desaparecer, el silencio. Siento urgencia de solitud, siento ganas de claros cielos y el silencio, siento, el cielo, persigo el silencio.

Dejaré aquí puesto sentado que hay demasiado ruido, que todo es violencia, que apesta el encierro, que basta de quejas, de sorprenderse de los malo, de ahogarse en las promesas de lo que no se hizo. No se hizo. Se deshizo. No se puede volver atrás, solo adelante, no hay otra dirección sino en la densa memoria, la única vislumbre del pasado, que bien sabemos no posee certezas. Hemos modelado los recuerdos para excusarnos, hemos traído el recuerdo al presente para sentirnos con poder, hemos sido prepotentes, temerosos, elementales.

Vivir en el recuerdo es un vicio inevitable (para algunos, quizás todos), porque comienza a pesar la maleta. Es esa la metáfora de esta vida, por eso es que la experiencia es tan bella, pero quizás necesita un límite, sobre todo cuando su dureza te hace pensar en eso. Y te repites, ‘mejor déjalo así’, ‘calla’, ‘quédate con lo que puedas’, ‘no te mutiles’, ‘pon el corazón duro’, ‘no sientas’.

Déjalo ser, no puede(s) ver, tro(em)pieza otra vez.

*Red (acepción DRAE)