Betina Barrios Ayala

Posts Tagged ‘Diario’

Primavera

In Caracas, Diario, Poesía on mayo 28, 2017 at 9:32 pm
img_0914

Miseria (1886) Cristóbal Rojas

Observo

las prendas rotas, gastadas

los espirales humanos

las mujeres devorando el pan

 

Pienso

hay lecciones escondidas en las orillas de las cosas

hay banderas sostenidas por la furia de los hombres

 

Quiero

unirme a los respiraderos del mundo

sacar la rabia de mis huesos

clarificar los espejos del agua

 

Camino

con una mano en el tórax

Trato de sanar

el impacto

Oscuro

In Caracas, Diario on mayo 6, 2017 at 10:50 pm
Foto sin cámara, con objetos traslucidos sobre el papel. Foto Claudio Perna, 1972.

Foto sin cámara, con objetos traslúcidos sobre el papel (1972) Claudio Perna

Yo tengo miedo de que el silencio sea como una muerte.

De que el silencio sea oscuro, así, sencillo, como la noche.

Y que el presidente salga, en video, y recorra las calles negras y calladas, y que nadie sepa qué hacer más que decir: ¡Qué loco este tipo! No sabe, siquiera, qué día es.

Yo tengo miedo de tener los ojos abiertos en la noche, y no poder ser una con ella, y dejar ser las cosas, sin llorar. Y ver la basura, y ver la gente como basura, y decir: No tengo sueño(s).

No importa, mañana olvido. Y escucho atenta otra vez, el silencio de la noche, y al presidente que conduce en lo oscuro, y nombra una fiesta que no existe.

o L a

In Autobiografía, Caracas, Diario, Poesía on marzo 29, 2017 at 10:17 am
the-wave-1870, Gustave Courbet

The wave (1870) Gustave Courbet

mansa puedo ser agua quieta en su contorno plácida espejo calmo transparente

 

puedo emitir todas las respuestas, darte sosiego, viéndote en mí. la línea de mi cuerpo uniforme, agua quieta, puedo ser plana, fuerte, una larga columna azul. si llega la marea, suben algunas líneas, me segmento en curvas, una ola, nada muestra que no sea ella, abominable espuma blanca que el cristal disuelve en su interior. arraso con todo, me trago, vomito, me retraigo, salgo, me digo, nada soy, acabaré con todo, acabaré conmigo, como una ola arrecia, envolviéndose, ira que arrastra, demuele, desaparece

tensa calma                                       mi espejo

     el agua                             soy

 

mar abierto                                                           el mar

Nimiedades

In Caracas, Diario, Poesía on marzo 2, 2017 at 8:25 pm
Tiempo lleno (1991) Juan Genovés

Tiempo lleno (1991) Juan Genovés

Pienso en niñerías

tonterías

Pienso en nimiedades que digo

que no importan

Me lo digo

en voz alta

Digo

Escucho

A los loros llegar al árbol naranja

y ser nubes verdes

mimetizadas con las hojas

pequeñas nubes

decorosas

ruidosas

diciendo tonterías

ni mi edades

Inciso

In Caracas, Diario, Uncategorized on octubre 17, 2016 at 11:40 am
andrew-wyeth-wind-from-the-sea-1947

Wind from the sea (1947) Andrew Wyeth

A veces quisiera copiar sin más las palabras.

A veces quisiera no dudar tanto, para buscar menos. No quiero buscar nada en realidad, pero solo me engancho con aquello que de algún modo pide ser perseguido.

Yo quisiera escribir todas estas palabras, y sentarme cada día junto a ellas, dejarlas salir, y que se dispongan a saltar en el papel, musicales y suaves, como todo lo que amo.

3

In Caracas, Diario on octubre 3, 2016 at 11:51 am
Concetto Spaziale Attesa (1968) Lucio Fontana

Concetto Spaziale Attesa (1968) Lucio Fontana

Lo que quiero es comprender, dice HA. Bueno, sí. Yo también. Honestamente, yo quiero comprender. Intento hacerlo. Y que me comprendan. Yo quiero que la gente comprenda que tengo las mejores intenciones. Tengo que verme en el otro. Esto es agua, dice DFW. Es lo mismo que quiero decir. Oye, yo quiero comprender y que me comprendan. Madre mía, por favor. Estoy bien. Estaré bien y te amo. Hoy leía a VG, y él dibuja la V de su nombre en la firma, de una forma que asemeja una raíz cuadrada. Madre, la B de tu firma es un ß, yo lo he copiado. ¿Tú copiabas a VG? ¿Ahora las dos le copiamos? Tengo diálogos silenciosos contigo, madre. Te pienso y te amo. En fin, eso. Lo que quiero es comprender, y ser comprendida. Pero comprender es el ritual diario, entender que uno está ahí en la batalla del mundo con el de al lado, ahí detrás del vidrio, muerto de sed y sonriendo. Así, yo busco comprender. Comprender  los límites y los puntos tan delgados de ellos como filos de navaja. Tan delgados los linderos como filos, filos, nos separan. Son imaginaciones. Las mismas que nos unen.

Dice la RAE:

Comprender

De comprehender

  1. Abrazar, ceñir o rodear por todas partes algo.
  2. Contener o incluir en sí algo. U. t. c. prnl.
  3. Entender, alcanzar o penetrar algo.
  4. Encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro. Comprendo sus temores. Comprendo tu protesta.

Sí, quiero basar mi vida en comprender.

11

In Caracas, Diario, Libros, Poesía, Reflexión on septiembre 12, 2016 at 9:40 am
12747841_222560011426183_297378050_n

#SpaceFlowers (2016) Scott Kelly

Me siento en el banco del parque. Miro al cielo, siempre. Las nubes pasan, blancas y ligeras. Dibujan formas y espumas que se disuelven. Y yo soy tan triste y absurda. Casi siempre rompo a llorar sola, sin ningún motivo, luego de haberme pasado horas riendo y bebiendo. Miento, casi siempre. Así sea en pequeñas dosis. O en dosis que creo pequeñas, que no importan. Les miento a todos, con mi fachada tranquila, fluida, que no deja ver nada. No me interesa la grandilocuencia. La verdad, prefiero las cosas parcas, llanas. Pero también es cierto que soy la contrariedad. Y me sumerjo debajo de olas que me sepultan, grandes olas vacías, huecas, que me sobrepasan, me hacen girar sobre mí misma y me depositan de nuevo en la orilla, desnuda, mareada. El revoltijo hace nido en el centro de mi panza, y unas cosquillas ridículas, nerviosas me castigan. Y mi cabeza crece, se abomba de pensamientos tontos que no llegan a nada. Y hablo sola, mil veces, mientras camino de un lado a otro, y me repito lo que debo hacer cada día, las cuestiones pendientes, y el tiempo que apremia detrás de mi sombra confusa que se destiñe, y va goteando, exprimiendo partes que pensé me pertenecían. Soy una fábula de animal perdido. No dejaré que nadie me lleve a su falso techo. Vivo tras la vitrina que muestra la calle sincera y rota. Los personajes se suceden y me conmueven. Las mujeres con su pelo de colores, que transforma la luz en vetas maravillosas. Parece que flotan algunas mujeres. Y el loco. Ese loco que llega tras el vidrio disgustado. Asoma la ira de sus ojos. Pelea con quien pueda hacerlo, sea par o inanimado. Y despliega toda su rabia que a veces me da miedo, y otras, soy él. Llena de rabia quisiera aparecer así tras la vitrina, y reventar la fachada del mundo, que no hace más que volver trizas el lenguaje y la memoria. Mundo enfermo y falso, rico en demonios cansinos, en ciclos absurdos que le hacen rodar. Condenada forma del mundo, nos has hecho ver que todo gira, rebota en la inmensidad. Somos el eco continuo del mismo error, de la misma trama repetida. Basta de imaginaciones que evocan dioses que no existen. Qué tontería idealizar, si el mundo es mundo. Nunca jamás será otra cosa que una esfera hermosa, pero condenada a permanecer atada a un camino espacial que no puede ser otro. Así es la vida nuestra. Una sola ruta que da vueltas. Nada marcará el inicio de nada. El patrón se repite hasta el infinito. Es la lógica universal. Y el loco. Llega tras el vidrio como un gato fiel, cazador feliz que trae su presa. Abandona las ofrendas en la puerta del lugar. Y soy tan cobarde que le temo. No le puedo mirar. Hundo la cabeza en el libro que sea. En todos esos libros que me rodean, menos mal. Los pasaportes a cualquier parte, los cuencos donde dejo que se vaya toda mi tristeza, los vasos de los que bebo a mis hermanos que me dicen que no estoy sola, que la cosa es así de densa, que duele mucho todo, la vida, amigos. ¿Amigos?

DesNudo

In Caracas, Diario, Poesía, Reflexión on julio 21, 2016 at 8:31 am
Nu Couch, Henri Lebasque, 1927

Nu Couch (1927) Henri Lebasque

‘Ahora, inmediatamente, es aquí donde comienza
la primera señal del peso del cuerpo que sube.
Aquí cambio de mano y comienzo a ordenar el caos’.
Inéditos y Dispersos
Ana Cristina Cesar
(Río de Janeiro, 1952-1989)

Porque soy capaz de ser y no ser. Allí radica mi dolor. Habito el espacio y a la vez soy extraña a él. Camino mi ciudad reconociéndola cada día como un lugar nuevo. Soy incapaz de pertenecer. Ella tampoco se entrega. Donde me encuentre sabré que no estoy en realidad. Abro los ojos tantas noches, solo para saberme extraña, ausente, ocupando un espacio siempre ajeno. Contemplo con tristeza el vacío, no busco enfocarme en nada. Trato de quedarme un poco en todo, y que un poco de todo se quede en mí. Pero con suavidad, sin invadir. Esa no pertenencia explica la continuidad de mi piel, que no ha sido nunca lienzo para ninguna tinta. Me rehúso a poseer, y nada entonces, creo, será capaz de poseerme. Y lo he intentado, solo que es demasiado peso para soportar. La carga propia ya oprime mi alma, no tengo la fuerza suficiente para ser el vertedero de nada. Ni siquiera del amor, que tantas veces se asemeja a la aguja con tinta que no me he permitido tantear. Ni siquiera para ver qué se siente, ni siquiera para permitirme ser curiosa, ni siquiera para abrirme, como es natural en mi anatomía, tantas veces extraña, porque suplica con sus formas la invasión. Esa sed física, ingobernable, gestiona mis deseos más primarios. Tampoco me pertenecen, son parte de todo aquello que, invariablemente, me constituye como ser. Solo habito el espacio de mi carne, que tantas veces me aprisiona. Pero ya, he hecho de mi vida un campo para la siembra, invierto, hago crecer, para que luego todo se vaya.

La pérdida es el origen de todas las cosas.

La dérive

In Caracas, Diario, Reflexión on octubre 22, 2015 at 10:02 am
BARCO_A_LA_DERIVA_BYN

Esta imagen no pertenece a nadie. No tiene fuente alguna

Lo diré antes de distraerme o acobardarme:

No vivo en ninguna parte.

Hasta el Facebook me pregunta con franqueza, como si hablara: Betina, in which city do you live in?

 

Yo tampoco lo sé, Facebook.

Lo que pasa es que estoy desmembrada, hay pedazos de mí pululando en todas partes. Hay pequeñas tragedias y alegrías en tantas paredes, en el cuerpo de esos innumerables refugios en que he vivido, en los que casi he vivido. Espacios que nunca abandonaré desde mi sitio, desde la dolorosa memoria que recuerda. Con sus muros, sus detalles, esos muebles, ajenos todos, en los que me he dejado caer. Como una pluma. Pero luego abro los ojos, no es mío nada. Yo tampoco de nadie. Me voy. Con la mochila a cuestas y esas cuatro cosas que no me fallan, que me dejan vivir donde sea, un poquito, algunas horas, sin atamientos, es así. Y qué vergüenza.

No miento.

Ojalá.

 

Tampoco escribo ya.

Nada con sentido, nada completo. Son retazos. Escupitajos que necesitan salir, pero se quedan ahí a la deriva, como esperando ser recogidos, remediados. Caen sobre la acera esperando secarse. Es una metáfora viva que me persigue. Pero eso no llega nunca. Es un período árido, estéril, disperso, quizás condenado por aquello del subconsciente que nos gobierna. Es doloroso también. Sobre todo cuando preguntan, ¿Cómo va la cosa, la escritura? ¿Para cuándo algo nuevo? No lo sé. Ojalá pudiera ser a diario. Ojalá pudiera cumplir lo que quiero ser. Pero ya una voz amiga me lo dijo: son los libros. El listón está muy alto, y no sé cómo salir. Leo cuando debo escribir. Cuando escribo, me quedo leyendo.

Y la gente cruel me restriega su organizada vida. Y yo aquí, inútil, insomne, incapaz de dar algo más que estas quejas, confesiones, excusas, miserias. Arrebatos de primera hora de la mañana, con los pájaros en la ventana y el ruido de los motores de aquellos que se dirigen a sus destinos seguros, sonoros, indiscretos. Me lo dicen en mi cara. Que saben que hacer cada día. Qué fortuna.

Yo solo sé perseguir la primavera, la lluvia. Luego el verano para ver el mar. Es un caos. Qué bella palabra. Tantas palabras que me hablan, que me dicen que son bellas, y eso le pregunto a la gente, que me digan sus palabras, que me ayuden a ver el universo en que estoy perdida. Y sus rostros al ver que no contesto nada satisfactorio, o cuando miro a otro lado o cambio el tema. No hablemos de mí. Que sea suficiente esa respuesta mía de siempre que es desaparecer, que es no decir realmente nada. Que es venir a verter en el papel lo que me asfixia, que es la palabra. Están atoradas. Las imagino como un gran ciclón, un tornado impetuoso que se lleva todo, que no deja anclarme.

Es mi culpa. Es deliberado. No quiero vivir en ninguna parte. No quiero decir que todo está resuelto. Tengo miedo de definir (me). Solo me abrazo a la vela del barco que me lleva, como tras de todo, como cazando pistas en el espacio, debajo de las alas de los aviones, entre sus capas que no vemos, allí donde viajan las maletas, eso tan profundo, tan secreto, que a veces ni siquiera regresan.

 

Es la ambición.

Que derrota decirlo, que tristeza pensarlo.

 

P.D.: Este texto lleva el nombre de una película francesa, maravillosa, dirigida por Paula DelSol (1964), pero no está en ninguna parte (otra vez). Solo hallé este retazo y esta breve reseña para mostrar.

Fragmento

In Libros, Nueva York, Relatos, Viajes on agosto 4, 2015 at 3:42 pm

FullSizeRender (2)

Con frecuencia me pregunto si pudiera leer todo el día, lo haría por seguro, pero me da vergüenza. Por eso me gusta hacer largos viajes en el tren o en el bus. Los disfruto, los agradezco. Ese tiempo es para leer sin parecer agresiva a nadie, más bien muy tranquila, aprovechando el tiempo. Pero tenderse a leer en la casa a cualquier hora es una suerte de descaro. Me avergüenza leer así, pero lo hago de todas maneras. La verdad es que sí lo hago. Siento el gesto del libro de papel más desenfadado, aunque es mi favorito. Pero si estoy leyendo aquí sentada en el escritorio, con la computadora puede ser que esté haciendo otras cosas. Además me permite ir de un lado a otro de una vez, buscar palabras que no sé qué significan o recomendaciones de lectura de otros lectores, que así como estoy yo, también se pasan horas y horas de su día leyendo de un texto en otro, viendo de imagen en imagen, tratando de quedarse con algo, de crecer más. ¿Puede ser? Seguro para muchos esto será ser vago, será vivir en el ocio. Ocio. ¿Cómo puede ser una palabra tan bonita y a la vez tan culpable?. Todo lo bonito es culpable. Puede ser.

Los vecinos de arriba hacen un escándalo espantoso. La mujer inglesa con sus tacones sin días feriados. Joe trabaja con libros, los vende en ferias, y no sé qué. Entonces va el tipo, lanzando cajas de aquí para allá, baja y sube las escaleras, lanza un montón aquí y allá, tira las puertas, da pasos de gigante en el suelo, hace vibrar el techo con todo su peso. Pero bueno, gracias a él tenemos dos grandes diccionarios. Un par de volúmenes de biblioteca de Websters. Junto a estos leí The catcher in the rye. La semana pasada iba en el tren leyéndolo. Y me senté al lado de un tipo que estaba escribiendo. Un texto que ya tenía título, se leía: «HOTEL». Lo mismo en castellano que en inglés. Para no incomodarlo, me incliné hacia adelante, reposando los codos en las rodillas; para así leer, pero sin tener mis ojos a la altura de su papel, para respetarlo. Es incómodo escribir con alguien sentado al lado, y mucho peor si se le ocurre hacer amagos de que pudiera leerlo. Es intrusivo. Puede ser. Pero entonces, él fue el que se dio cuenta de que yo estaba leyendo a Salinger, y me interrumpió para decirme que era su libro favorito. Cuando le contesté que me encantaba, que lo estaba disfrutando mucho, me preguntó que de dónde era yo, porque tengo un acento. Se distrajo preguntando generalidades sobre mi vida, y luego me dijo que entre las cosas que atesoraba el asesino de John Lennon, estaba el libro de Salinger, que era una de las cosas que tenía cuando lo llevaron preso. Me pareció una anécdota periodística poco relevante, totalmente frívola. Es un libro espectacular. Durante el juicio, el asesino de Lenon abogaba que estuvo poseído por Holden Caulfield. Pero, eso no puede ser una excusa para defender que estás en contra del mundo, más bien a favor, para que haya muchos Salinger que escriban y creen Holdens y Phoebes Caulfield. Solo eso, que le den vida a personajes que digan lo que piensan del mundo, pero que no maten a nadie. Creo que ese libro ha dado mucha más vida que la que ha podido quitar. Me decepcionó un poco no poder tener una conversación más interesante sobre el libro con el tipo, que además escribía, sino que se desvió en la farándula, y yo llegué a mi estación y me bajé del tren.