Betina Barrios Ayala

Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Perfil

In Autobiografía, Caracas, Poesía, Uncategorized on diciembre 15, 2016 at 9:36 pm
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Ícaro Calcinado (1967) Alejandro Obregón Rosés

Somos pocos los que no buscamos

solos

un rebaño complaciente

 

Somos pocos los que no encontramos

placer en ser

arrastrados por las olas

cúmulos falsos

de cosas

 

El corazón no me late

al unísono

de bandas

de mi propia especie

Inciso

In Caracas, Diario, Uncategorized on octubre 17, 2016 at 11:40 am
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Wind from the sea (1947) Andrew Wyeth

A veces quisiera copiar sin más las palabras.

A veces quisiera no dudar tanto, para buscar menos. No quiero buscar nada en realidad, pero solo me engancho con aquello que de algún modo pide ser perseguido.

Yo quisiera escribir todas estas palabras, y sentarme cada día junto a ellas, dejarlas salir, y que se dispongan a saltar en el papel, musicales y suaves, como todo lo que amo.

Sedimento

In Caracas, Poesía, Uncategorized on mayo 27, 2016 at 9:11 pm
IS0689

Aerial Series ISO689, Islandia Emmanuel Coupé

Me he arrojado a los leones.

Abro los ojos y soy una cebra, las marcas mi cuerpo tallan. Llevo el temblor dentro, y el templo de tu abrazo es solo escombros. La figura del hombre cayendo que se asoma con el alba es un reflejo. Soy un gato, me agazapo. Ahora espero el momento de saltar. Huiré entre los árboles, soplaré el viento de tu dulce nombre. Desapareceré y mudaré de piel. Me dejaré ir, desdoblaré el recuerdo, hundiré tu sombra detrás de las sombras más oscuras de mi memoria. No cuidaré tus ojos verdes.  Dulce verde campo minado de bruma, la transparencia escapa de tu reino. Acuéstate sobre mis heridas, estampa tu cruda visión. Aguárdame en las horas en que nada te pueda cazar. Hazme el regalo de arder, yo descanso en la tumba de nuestro nombre. No soy más que cenizas. El campo desierto donde yace tu venganza. No me asomo al duelo. Tus pasos crujen en la habitación de al lado: leche derramada, añicos dispersos. Amaneceré de rodillas en la cama, los ríos de tu sangre me atraviesan. Desnudaré mis lágrimas en la plaza de toros donde yo soy la estocada, la herida, la abertura que signa tu lanza. Divertido espejismo de un compañero vestido de garza blanca.

 

 

¿Qué soy?

el faro de tus miedos
el espejo que te nombra
la gota dulce que se vierte
la huida inevitable
las ganas de llover

 

Red

In Caracas, Diario, Poesía, Uncategorized on mayo 16, 2016 at 9:13 am
Rothko, Untitled, 1970

Untitled (1970) Mark Rothko

Siento un inmenso hartazgo hacia todo y desde todo. No puedo gritar, da lo mismo. Busco escribir esto, abro la gaveta, consigo un marcador fino rojo. Me fijaré en todas las cosas que he escrito en rojo en mis cuadernos. Aparece el color rojo justo cuando es una emergencia. Las palabras comienzan a llover mientras estás haciendo otra cosa. Temes que se desintegren en el recuerdo. Te vuelves a decir que necesitas un grabador de voz ¿Vuelves a decirte que necesitas? Es el color rojo. Buscaré algo que haya escrito también antes bajo este impulso y esta causalidad. Buscaré el vínculo entre la sangre, lo vital, que borbotea; y las palabras urgentes escritas con tinta roja. Aquí hay una, es una cita de Lorca:

‘En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida’

Flota en el centro de la hoja, una nube roja. Estoy en ella tanto como si la hubiese escrito. La reescribo en mis páginas como una extensión de mis dedos, de mis uñas mordidas, con sus hilos grana en los contornos, con ese dolor en las esquinas.

Más adelante, un poema:

Sé que soy la hija de mi abuelo,

cuando vierto el agua en los tobos de mi memoria,

soy de él entre los árboles,

cuando escucho los pájaros,

cuando me siento triste

 

El primer patio,

todas las horas de tierra húmeda,

donde todos mis santos

florecieron entre sus pasos

Y este texto, que pasará a ser un discurso rojo en el mismo cuaderno, que tiene esos pedazos de algunos días que he dejado algunos impulsos por decir. Así es que hoy, tengo hartazgo porque aparece en todo, porque nunca he estado más segura de ser una isla, nunca he deseado tanto desaparecer, el silencio. Siento urgencia de solitud, siento ganas de claros cielos y el silencio, siento, el cielo, persigo el silencio.

Dejaré aquí puesto sentado que hay demasiado ruido, que todo es violencia, que apesta el encierro, que basta de quejas, de sorprenderse de los malo, de ahogarse en las promesas de lo que no se hizo. No se hizo. Se deshizo. No se puede volver atrás, solo adelante, no hay otra dirección sino en la densa memoria, la única vislumbre del pasado, que bien sabemos no posee certezas. Hemos modelado los recuerdos para excusarnos, hemos traído el recuerdo al presente para sentirnos con poder, hemos sido prepotentes, temerosos, elementales.

Vivir en el recuerdo es un vicio inevitable (para algunos, quizás todos), porque comienza a pesar la maleta. Es esa la metáfora de esta vida, por eso es que la experiencia es tan bella, pero quizás necesita un límite, sobre todo cuando su dureza te hace pensar en eso. Y te repites, ‘mejor déjalo así’, ‘calla’, ‘quédate con lo que puedas’, ‘no te mutiles’, ‘pon el corazón duro’, ‘no sientas’.

Déjalo ser, no puede(s) ver, tro(em)pieza otra vez.

*Red (acepción DRAE)

Rutina

In Caracas, Poesía, Uncategorized on marzo 21, 2016 at 11:10 pm
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Retour Végétal (2015) , Pablo Reinoso Credit photo: Rodrigo Reinoso

deja los pelos sobre el colchón

no saques las telarañas

sopla a las hormigas

espanta a las moscas

no laves los platos

deja que se acueste el gato

escucha los pájaros,

el viento, las hojas,

mira la luz

(que reine el silencio)

desnúdate en el patio

observa el comportamiento de los árboles,

lleva una bitácora del paisaje,

primero serán ramas,

luego vendrán las flores,

las hojas, los frutos

no se están quietos

olvida el nombre de los días, pero fíjate siempre en la hora

                                                                                        [es por la luz]

Entonces, llegado el momento,

rasga el poema

rebota en la palabra

dale forma entre tus manos

y aprende a olvidar

 

 

Octubre

In Caracas, Poesía, Uncategorized, Viajes on febrero 10, 2016 at 7:16 pm

líquen

Hay que alejarse, vida

para verte

Sujetar los brazos alargados de la tierra,

para elevarse

Hay que encontrar sus vetas y formas,

entender que no hay desafío, vida buena

que escape de ti

 

Hay que volver a pisar las húmedas hojas,

dejar que el bosque sea negro,

borrarse en la espesura

Hay que perderse, vida mía

para ser tuyo

 

Hay que estrujarte contra las piedras,

verte correr en el viento,

jugar con las nubes

Hay que perderse en tus tiempos verdes,

siempre verdes,

como tu rostro, vida mía

 

Hay que hacerse mínimos,

desaparecer en la niebla,

tocarte despacio,

abrir los ojos,

hacer incisos en el tiempo,

no aceptar atajos,

ni escaleras

 

Canas

In Caracas, Crónica, Diario, Uncategorized on febrero 4, 2016 at 11:14 am

canas

Arrastro un factor genético ineludible: estoy llena de canas. Han poblado mi cabeza hasta llevarme a horas y horas de elucubración. ¿Ocultarlas o dejarlas ser?  He sucumbido. Es inútil. Tengo que llevarlas conmigo, de otra manera me esclavizará mi propia decisión de maquillarlas. No puedo estar conforme con ese verbo: esclavizar. Prefiero ser racimo de rayos blancos, antes que aterrarme al verlas surgir cada vez más fuertes en las raíces de mi frontera norte. Allí las dejaré, así rebeldes y antipáticas como son. Ya hasta me caen bien. No se doblegan. Si busco eliminarlas, se multiplican. Son estoicas, imparables. Me he cortado el pelo bien corto. Encontré en la voz del custodio de las tijeras la opinión final sobre el destino de mi pelo: ‘Déjate eso así. Van a parecer rayitos’. Rayitos, debe ser algún término estilístico que ignoro. Dios no le da cacho a burro. Yo que nunca pretendí cambiar el color de mi melena. Siempre negra, el pelo parejito. El mayor atrevimiento al que me sometí hace unos años fue a cortar una pollina, y eso que ya había superado lo trágico que fue para mí llevarla cuando era pequeña. Metiéndose en los ojos como alfileres, creciendo sin parar, y esas ondas impetuosas que hay que aplacar con calor. La pollina solo es una opción si aprendes a cortarla y moldearla tú misma, es un consejo. Lo cierto es que no puedo evitar querer verlas, tratar de saber cuántas son. Roto la cabeza, muevo el pelo de un lado a otro, dibujo líneas con el dorso de mi mano, la sostengo, veo: ¿Cientas? ¿Miles? ¿Cuál será el número? ‘No importa’. Sacudo la cabeza en este pequeño espejo. El único que hay aquí. El regalo de alguien alguna navidad. Cuando en navidad la gente se daba regalos relativamente representativos. Ya la cosa no es así. El señor de la cola del supermercado, su pelo más blanco, me doblaba la edad, y me decía que bueno, las cosas, así como hoy, nunca. Esto es inédito. Me compadezco de los jóvenes de hoy, ¿En qué año naciste tú? Uff imagínate, yo soy un activista social. Siempre lo fui. Trabajé en barrios, con las comunidades construyendo casas. Para entonces te ofrecían un cafecito o algo, pero yo les decía que no, que no me gustaba. No por nada, sino que tenían tan poco, no iba a quitárselos. Les dejaba el café. Pero eso se acabó, todo eso se acabó. Y así también me dijo la otra muchacha en la cola para pagar, la novia del mototaxista; que la gente tiene que cambiar, la gente no puede enloquecer cuando llegan los productos. Imagínate, se llevan cuatro mayonesas si pueden. Hay que pensar en los demás, así no podemos. Qué caro, sí. Eso que llevas en el carrito, serán ya como 3000 bolos. Y eso que es para una sopita de pollo con fideos, porque andamos resfriados. Bueno, imagínate. Y el pelo liso, muy liso, casi tieso. Y la piel tostada, tostada, como una oblea. Y la voz dulce, y la pose coqueta, y la ropa zurciendo las curvas, y ella toda, igual que todos, una isla, salvo para hablar con su novio, que no se halla en la fila, el mercado, las luces led blancas, la fila, la fila, la fila. La dureza de todos o de muchos en la calle, en cualquier momento. Vamos de lo sutil a lo animal a paso veloz, vamos por la calle como balas, tropezando, abrazando las bolsas, escondiendo lo que pudiste comprar, caminas con la cabeza gacha, y te salen canas, te salen canas, tras cada paso el pelo más blanco, cada día, con el ticket entre las manos, alejándote del mercado que está colapsado entre sus estantes vacíos y sus precios que ya no pueden esconder los ceros, los ceros, los ceros. Son como las canas, no se dejan domar.

Habrá que dejarlas brillar.

 

Muñecas de papel

In Argentina, Autobiografía, Caracas, Relatos, Uncategorized on noviembre 6, 2015 at 7:02 am
Altuna

Dibujo de Horacio Altuna, historietista argentino y responsable de las imágenes atribuidas a esta historia

A mi padre, para siempre

El día en que nací mi padre tenía treinta y tres años, estaba enamorado de mi madre y guardaba la esperanza de que ella lo amara igual, pero ella se encontraba en una cruzada por su propia supervivencia. Había huido de su casa por la puerta del matrimonio, y estaba dispuesta a volver a la soledad cuando terminara la universidad. Y así fue, cuando yo tenía seis años, me encontraba de pie frente a la puerta del nuevo departamento de mi padre, sintiendo los dedos finos y suaves de mi madre acariciar mi rostro, mientras con pena me decía adiós y se alejaba por el pasillo, corriendo, quizás llorando. Era un pasillo inmenso que se la tragó cuando ella dobló por las escaleras.

A veces lo veía sujetarse la cabeza entre las manos, o quedarse recostado en su cama con una pierna sobre la otra, mirando al infinito con la luz brillando sobre su pelo cano. Por las tardes, cuando regresábamos del colegio, el pobre caía rendido, ausente de su propia y extraña vida, y dormía plácidas siestas. En aquellas horas muertas, en las que mi padre huía entre sus sueños, me quedaba yo dando vueltas entre sus cosas, batallando con mi curiosidad. ¿Qué hacer con aquella casa que en aquel tiempo se me hacía una vasta sabana? No me interesaba la televisión, no existía internet, mi padre no confiaba en nadie y tampoco podía salir a jugar.

Así que me tocaba sumergirme en aquellos estantes llenos de libros que él atesoraba. Durante esas horas mudas, andaban los dedos de mis manos cruzando lomos, sentada en el suelo, diseccionando aquella biblioteca donde leí mis primeros versos. De pronto, entre tantas páginas que derramaban palabras que apenas podía comprender, apareció en un rincón bajo, que se creía oculto, un montón de revistas, todas llenas de colores y dibujos. Emocionada por el hallazgo, tomé una de ellas y la abrí: encontré muchas mujeres creadas por el trazo de un dibujante de cómics. Mujeres con largas melenas y senos enormes, se mostraban con las piernas abiertas, y hablaban en nubes blancas sin poder contenerse de placer cuando los dedos de otro dibujo las penetraban.

Primero, cerré la revista y la puse en la pila junto a las demás, simulando no haber visto nada. Luego, me levanté con prisa para ir hasta la habitación de mi padre, y cerciorarme de que continuase dormido, lejos de la posibilidad de descubrirme. Regresé al estante dando pasos largos y lentos sin hacer ruido, para así poder hurgar un rato más en la vida de esos nuevos personajes que conversaban entre sí, mientras se arrancaban la ropa y entrelazaban sus cuerpos que habían sido trazados con una pluma fina, que los hacía redondos, estilizados y perfectos.

Mi padre nunca dijo nada, pero esas muñecas abandonaron su falso escondite, no pude encontrarlas más. Era su secreto, una fuente erótica de papel, un formato pornográfico para niños que nunca crecen, como nosotros dos.

Cliché

In Uncategorized on junio 8, 2012 at 10:28 pm

La séptima edición de la revista Mono llegó hoy a mis manos desde alguien que identifica mis disfrutes. Realmente perceptivo, como él mismo se reconoce; sabía que me gustaría lo que me estaba regalando. Y así fue. Me encontré con un número especialmente dedicado a los clichés que rezaba en su editorial una cita de Oscar Wilde:

“La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos, las opiniones de otros, sus vidas una copia, sus pasiones, la cita de alguien famoso”.

Muchos colaboradores compartieron el significado del concepto en sus vidas e inmediatamente, hice mis propias reflexiones acerca de lo que representa en la mía. Relacioné una vivencia personal con un programa de radio que escuché hace pocos días; y reconozco que me cuesta engancharme con tertulias radiofónicas. Pero esta vez, alcancé a captar una conversación en vivo, en la que una muchacha rememoraba sus visiones infantiles y en ellas me vi perfectamente retratada. Tener una hermana casi morocha, llevándose apenas un año de diferencia es una total fuente de clichés públicos expresados por toda diversidad humana: “¡Pero ustedes no se parecen en nada!”, es una frase que nunca olvidaremos ninguna de las dos. Se podría decir que nos ha acompañado siempre.

En la radio, la chica recordaba la forma en que su mamá quiso en algún momento igualar el aspecto de ella y su hermana para ahorrarse el trabajo de captar la personalidad de cada una a través de la compra de regalos idénticos y el mismo peinado. Frases trilladas como “les compramos lo mismo para que las niñas no peleen”. No pude sentirme más parecida a una copia de lo que describía. Una hermana con la que no compartió el vientre, pero eso fue lo único que le faltó para que siendo pequeñas casi las mimetizaran. Tratando de convertir a dos personas en lo mismo, lo único que puede pasar es que radicalicen sus diferencias. Esa ley de Murphy, que también es un sólido cliché para toda existencia humana: no insistas demasiado en nada porque posiblemente sucederá lo contrario.

Pero afortunadamente eso es así. Hoy en día y desde el momento en que cada una pudo tener la oportunidad de definirse a sí misma, Lula y yo somos como vinagre y aceite, como el ying yang: dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias. Somos dos elementos completamente diferentes, pero que no pueden vivir separados. En cada una reconoces un poco de la otra. A pesar de que hubo innumerables esfuerzos por asociarnos, hasta casi desaparecer claras líneas divisorias entre dos personalidades, nada pudo ser más imposible. Reconozco en ella fortalezas que en mi son debilidades. Por eso aplaudo el cliché más sonado en nuestras vidas:

“¡Qué lindas las hermanitas Barrios Ayala!”.

Siempre compartiremos el escuchar y reír con picardía del ambicioso y frustrado proyecto de intentar hacernos parecidas.

http://revistamono.com/

¡Feliz Cumpleaños!

In Uncategorized on mayo 10, 2012 at 2:30 pm

Hoy es el aniversario de este espacio. Hoy cumples un año blog. Felicitaciones. Cumples un año de la publicación del primer post para quien te quiera leer. Hoy celebro todo lo que hemos hecho juntos. Todas las visitas de curiosos que han querido compartir ideas, buscar alguna distracción. Sentarse un ratico contigo. Con nosotros.

Gracias a todos los que pasan por aquí cada vez que se animan a conversar. Gracias por  esos momentos que te han hecho posible. Todas las sensaciones que has reflejado, todo el descubrimiento que esto ha significado.

Ha sido un año entero de experimentar con palabras. De darle la bienvenida a la expresión con la palabra escrita. De dejar rastro certero de conversaciones imperdibles. De documentar los recuerdos, una manera de congelar los momentos. Ese vicio. Guardar lo que más nos gusta. Coleccionar lo que se desea permanezca.

Eres un archivo de memorias. Una biblioteca de la mente. Eres un regalo. Mi proyecto fabuloso.

Bienvenidos SIEMPRE todos a este lugar. Que este año traiga muchas experiencias más.

¡Feliz Cumpleaños Blog!