Betina Barrios Ayala

Archive for the ‘Opinión’ Category

Reproche a la humanidad

In Argentina, Opinión, Reflexión on marzo 1, 2015 at 10:26 pm
La humanidad por Maelo Terkim

La humanidad por Maelo Terkim

Leyendo a Villoro, él pregunta en su libro si ¿Hay vida en la tierra?, y me apena no poder responderle positivamente. No voy a escribir esto desde un lugar privilegiado. He reconocido en mí lo que soy desde que decidí estudiar en un salón de humanidades cuando tenía catorce años con otras once humanas más. Desde entonces fue una certeza que la fuerza que movía mis pasiones estaba en entender a mi raza desde un punto de vista social y romántico.

Este año murió Kluivert Roa, murió Alberto Nisman, murió David Carr, murió Boris Nemtsov.

Y así como ellos, muchos más, pero sus nombres y circunstancias me sobran para evaluar la humanidad que somos hoy: una reunión de insolentes que creemos haber evolucionado y que el mundo que hoy tenemos es mejor que el de otros que ya han estado aquí antes.

Qué pena que no es así.

La guerra que está planteada no tiene ideología, es una pantalla ridícula que intenta ocultar que las reglas del juego de las vidas de todos están con quienes tienen el poder, en cualquier medida que este sea. Visto de esta forma, está claro que no tenemos quién nos salve. Nadie nos salvará de nosotros mismos.

Debo admitir que estamos rotos y que todavía tiemblo cuando escucho una moto acercarse. Porque así han hecho mi vida los que gobiernan mi país, y así mismo hacen los que gobiernan a otros con sus vidas.

Este texto no tiene caso, no hay palabras que se presten para hablar sobre este terrible mundo en que sobrevivimos. Un mundo que se ha organizado para tener representantes que se sientan en sus tronos a decidir qué vida merecemos vivir los que no tenemos interés en decidir por nadie.

Satyagraha

In Opinión, Política, Reflexión on mayo 28, 2014 at 11:26 am

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«Cuando las palabras pierden su significado,

la gente pierde su libertad».

Confucio

(551 a. C – 479 a. C)

Las imágenes de la represión en el país son devastadoras. El año 2014 nos ha entrado de golpe; ciego ante conquistas democráticas previas, renegando vilmente de nuestra historia, -o de la que pensamos que era-. Con sus errores, sin duda. Sería ceguera no reconocerlo.

No hemos visto a la democracia fortalecerse frente a sus fallas, la hemos visto cada vez más pobre en la transgresión de las palabras y los conceptos. La democracia que tantos años lleva y al mismo tiempo no, la democracia de la que presumimos, pero nunca hemos conseguido. Todavía no.

No hace falta relatar repetidas veces lo que sucede; lo cierto es que nos preguntamos al unísono qué hacer, cuándo y cómo hacerlo. Sin embargo, hay respuestas en la historia y logros muy importantes alcanzados a través del empleo de estrategias distintas. Si algo caracteriza a la oposición venezolana, sea del color que sea -que bien sabemos es multicolor-; es la no violencia. Al menos en el discurso de los voceros de todos los sectores, se alza siempre el llamado a la resistencia pacífica, evitando las provocaciones, que no solo debilitan, sino que fortalecen a un oponente que goza de poder sin medida.

Satyagraha es un concepto creado por Gandhi para definir un método de desobediencia civil no violenta; que comprende una organización sistemática, con presencia de tácticas y estrategias que lleven a un colectivo a alcanzar sus objetivos ético-políticos soportados por una fuerte identidad espiritual y apoyada en principios democráticos.

Gandhi recibe el prefijo de Mahatma de manos del poeta Rabindranath Tagore;  Mahatma quiere decir grandeza de alma, es un título religioso en la India. Gandhi sufrió una serie de transformaciones a lo largo de su vida que resulta muy interesante rescatar para poder dar validez a sus propuestas. Su familia provenía de la casta vaiśya; la tercera de las castas tradicionales de la India, formada por comerciantes, artesanos y campesinos.Cuando era joven no se destacó en la academia. En algún momento tuvo la oportunidad de estudiar en Londres; y en ese entonces, consideraba a Inglaterra la cuna de filósofos y poetas, el centro de la civilización. Sin embargo, con el pasar del tiempo, observando a Oriente desde Occidente y con la lectura de grandes pensadores como León Tolstói y Henry David Thoreau; se daría cuenta de que este Imperio habría perseguido acabar con numerosas e importantes tradiciones de la cultura de su país, y que su poderío había cercenado sus derechos como nacionales y reforzado un profundo desconocimiento del pueblo en sí mismo.

Mahatma Gandhi era un practicante de Karma Yoga, una de las ramas de esta filosofía práctica que se basa en las enseñanzas del Bhagavad-guitá. Etimológicamente quiere decir: unión a través de la acción; el objetivo del Karma Yoga es la liberación a través de la obra; en este sentido Gandhi es considerado ejemplo de ello, pues dedicó gran parte de su vida a la lucha por la reivindicación de los derechos de los indios y la independencia de su país.

La carrera de Gandhi como líder de la resistencia india comienza en Sudáfrica; país al que viaja a raíz de una oportunidad laboral, y en el que consigue una minoría india carente de todo derecho, despreciada y discriminada racialmente. Frente a estos evidentes abusos y la amenaza de promulgar leyes que derogaran su derecho al sufragio; Gandhi comienza a organizar la resistencia de sus compatriotas.

En un principio, Gandhi sostiene el no cumplimiento de la ley del gobierno británico; llamando a esta acción resistencia pasiva; sin embargo este concepto no logra calar en los indios por su origen extranjero y pronunciación en inglés; y es por ello que se convoca a un premio a través de la prensa en Indian Opinion; un periódico fundado por el propio Gandhi, para hallar una palabra que definiera la lucha del pueblo. Recibieron numerosas alternativas, entre ellas la palabra Sadagraha, que significa «firmeza en una buena causa»; pero Gandhi prefirió Satya en lugar de Sada, que quiere decir verdad; formando Satyagraha: firmeza, fuerza de la verdad.

El origen sánscrito de la palabra movilizó al pueblo, devolviéndole sus raíces y valores, sin tener que importarlos de nadie. Gandhi señalaba que Satyagraha se diferencia de la resistencia pasiva porque la segunda ha admitido violencia en algunos casos y tiene el estigma de ser atribuida a los débiles. Además, la resistencia pasiva no está necesariamente con la verdad. Satyagraha es algo completamente diferente, porque es un arma fuerte y consistente, que no admite la violencia y que encuentra su fortaleza en la defensa de la verdad; tiene un componente ético ineludible y por ello, una clara relación con los conceptos y el lenguaje.

También es la fuerza del amor y del alma, es la convicción en el sentido de una lucha. Perseguir la verdad no admite ningún tipo de violencia hacia el oponente; el propósito es advertirle de su error y hacérselo saber con simpatía y paciencia. En las confrontaciones, la verdad de los unos, puede ser falsa para los otros. Satyagraha, es el rescate de los conceptos, el restablecimiento de la verdad sin violencia. No se persigue el sufrimiento del oponente, aunque seamos nosotros quienes suframos.

En Satyagraha no existe el éxito. Esto es porque el éxito, ̶ por definición en estos términos de confrontación̶, implica la derrota o la frustración de los objetivos del oponente. En Satyagraha, el objetivo tiene que ver con una conversión del oponente, no con la coacción. El éxito se define en términos de cooperación para llegar a un acuerdo entre las partes. No se trata de ceder espacios, ni de pasar uno sobre otro; se trata de reconocimiento. Los medios que se usan para conseguir objetivos no pueden ser contrarios a ellos; es decir: no se usa violencia para lograr la paz, ni se abusa del otro para lograr justicia.

Cuando se planteaba por parte de grupos radicales el uso de la violencia, llamando cobardes a los activistas no violentos, Gandhi respondía:

«Yo creo que cuando hay sólo la opción de elegir entre cobardía y violencia, yo podría aconsejar violencia. Yo podría preferir tener una India armada para defender su honor, pero sería hacerlo de una manera cobarde, convirtiéndonos en testigos de nuestro propio deshonor…Yo creo que la no violencia es infinitamente superior a la violencia, y el perdón es más viril que el castigo».

«No debe haber impaciencia, no barbaridad, no insolencia, no excesiva presión. Si queremos cultivar el espíritu real de la democracia, no podemos permitirnos ser intolerantes. La intolerancia traiciona la necesidad de fe en una causa».

Luego de revisar este ejemplo histórico concreto, el cual conllevó muchos años, pero obtuvo éxito; es importante no perder el norte en la consecución de nuestros objetivos como ciudadanos portadores de derechos ante el gobierno en ejercicio. Concientizarlos, entenderlos y digerirlos. En nuestro país se ha debilitado el lenguaje; los conceptos han cambiado su significado y esto es profundamente peligroso. Esta es una característica de los gobiernos totalitarios: la transgresión del lenguaje. Y ha sido señalado en la literatura por grandes intelectuales contemporáneos como Octavio Paz. En el merecido homenaje a Paz, en la Plaza Los Palos Grandes el pasado 26 de abril en Caracas; Rafael Cadenas resaltaba la importancia del rescate del lenguaje en la recuperación de nuestro país. Y esa es una de nuestras tareas: comprender los significados de nuestras exigencias y traducirlas en cómo nos comportamos cada día. ¿Qué significa cada palabra que enuncian mis consignas? ¿Cómo puedo explicarle a quién no lo entiende? Con violencia no lograremos revertir los daños que nos ha causado como sociedad el mismo espiral de violencia en el que vivimos. Debemos respetarnos entre nosotros. Debemos ser pacientes y conscientes. Debemos ser consecuentes. Debemos ser firmes con la verdad como bandera, devolviendo a nuestras palabras su esencia para lograr movilizaciones sólidas y concretas donde no haya lugar para la duda y en la que logremos incluir a todos los sectores de la sociedad que compartimos las mismas demandas y que reclamamos los mismos derechos; solo que por esa pérdida de significados nos hemos perdido a nosotros mismos.

Pasaje para no olvidar

In Opinión, Política, Reflexión on mayo 1, 2014 at 11:06 am

«In violence, we forget who we are»

Mary McCarthy.-

(1912-1989)

Hoy parece que alguna vez fuimos venezolanos.

Hoy parece que mucho de eso lo hemos olvidado.

No hay palabras, es un sentimiento.

Es extrañar pensar en algo más que en sobrevivir a diario, es ver los recuerdos como un impulso para volver a ser y para ser mejor. Es el restaurante de carne en vara, es el río reflejando el cielo como un espejo de barro. Es una cachapa, un pabellón, una empanada. Es la playa, el ron, nuestros afectos. Las montañas, la sabana.

Hoy son las lágrimas calientes al ver el dolor cotidiano, un contraste con el recuerdo y una promesa rota de abundancia. Ciudades destruidas, sueños quebrados. Familias divididas. Ancianos solitarios. Miseria y desesperanza.

Hoy parece que a un conjunto de metras estáticas les hubiese caído una sola desde bien alto y así, dispersas, como hormigas desesperadas cada quien corre sin destino claro.

Hoy tristemente no sabemos quiénes somos y ese es el problema. Nos hemos olvidado de todo arrastrados por una espiral de violencia.

¿Cómo es que hay venezolanos capaces de justificar la forma en que vivimos?

En nuestro país hay demasiada sangre inocente derramada.

Estamos enfermos de tanto llorar. Enfermos de miedo.

Venezuela merece un mejor gobierno. Sin mirar atrás solo para buscar culpables, sino para enmendar aquello que se ha hecho mal y seguir adelante. Está comprobado que no se puede hacer país ignorando a una mitad que vive en él. Ni hoy, ni ayer, ni nunca; por ninguna razón. Absolutamente nada lo justifica y ningún venezolano debe aspirar a ello. Y el que lo haga no merece ser quien nos diga qué hacer.

Eso ya lo sabemos.

Recordando a Mahatma Gandhi: «An eye for an eye leaves the whole world blind».

Debemos perdonarnos. Esta división no ha hecho más que sumir a nuestro país en el abandono.

Y con él, a nosotros mismos. A la deriva.

Mucho se critica a quien con ansias imperialistas multiplica las guerras. Entrega la vida de sus propios  para presumir de su poder. Aquí se entrega la vida de venezolanos a diario. Aquí hay una guerra. Y muy dura porque es entre nosotros mismos. Y nuestras autoridades la niegan. Es más importante el dinero y el pasado intercambiable que la vida en la patria socialista.

Ningún país será capaz de gobernarnos si somos una nación fuerte. Como bien sabemos que podemos ser. Con nuestra música, nuestros maestros, nuestro clima perfecto, nuestra alegría y solidaridad. Y sobretodo, con nuestra propia historia. No necesitamos los complejos ni las condiciones de nadie. Tenemos fuerza suficiente para ser Venezuela. Única, maravillosa, inmensa.

Los únicos culpables de no tenerla somos nosotros mismos.

Por favor, demandemos un mejor país. No nos merecemos esto.

Venezolanos, debemos ser más que nada venezolanos. Necesitamos poder dormir, sonreír, invertir nuestro tiempo en hacer lo que nos gusta, no en maltratos. No en maltratarnos. Ya basta.

Humildad. Venezuela necesita humildad. No más soberbia. Todos podemos equivocarnos y tenemos derecho a rectificar.

Luego será tarde. No merece la pena vivir así solo por una falsa venganza que cobra vidas de millones de nuestros hermanos y que parece no tener final. Vidas de jóvenes que tienen derecho a enfrentar sus propias batallas, no las de quienes ya tuvieron su momento para luchar.

No se construye vida sobre la muerte. No hay paz en medio de tanta injusticia.

No importa nada más. Escuchemos música venezolana, asomémonos a la ventana para ver los árboles floreados de múltiples colores, la sonrisa que se ha perdido en todos nosotros, pero que bien sabemos cómo se ve. Ese sentimiento de abrazar lo nuestro, es todo. Eso es, esa es la verdad, no hay imperios de nada cuando se trata de una nación soberana.

El mundo es muy complejo y mucho de él se mueve por poder y plata; ¿Vamos a hacer de nuestras vidas el bolsillo de las pirañas? No señor, aquí lo que hace falta es ser venezolano; con arpa, cuatro y maracas.

Ese es el lugar común que despierta, el amor por esta patria, la única que tenemos, nuestra tierra, nuestra batalla.

Irse, quedarse, ir o venir, entrar o salir

In Nueva York, Opinión, Reflexión, Viajes on enero 23, 2014 at 12:41 pm

Estas son las únicas palabras que importan y sobre las que todos hablamos cada vez. Absolutamente todo se trata de eso en estos días. Estar o no estar en el medio de un caos que lo que está haciendo es escupiendo gente, pero la verdad es que no se trata de si vamos o venimos, estamos todos metidos. De una manera u otra buscamos ocuparnos con aquello que nos distrae cada día y que no puede ser pospuesto, pero ahí está siempre el centro de todo como susurrando en el oído:

̶  «¿Viste lo de la cueva? Ese país es lo más bello. Podría ser la más grande de su tipo. Es como si hace millones de años Dios hubiese tomado plastilinas de colores y las hubiese amasado en este lugar. Siempre es así. No es que tienes una cascada, es que tienes la cascada más alta del mundo. No es que hay unas montañas, es que son las primeras que aparecieron en  la tierra».

Y así nos quedamos un rato con la cabeza gacha haciendo movimientos en negativo, leyendo las noticias una tras otra como si fuésemos a encontrarnos con algún gran cambio. Un rostro moviéndose de izquierda a derecha repetidamente, con una luminiscencia propia del reflejo de una pantalla, quizás con las manos en la cara y unos ojos enamorados.

El frío del invierno golpeando con sus motas blancas las ventanas no hace más que inducir un encierro que deriva en el inevitable over think de las transiciones. Escucho la música que ha nacido de toda esta tragedia económica y social en que se ha convertido el país, que de las cosas más bellas que quedan es la incansable producción creativa que coloca la valentía como consigna frente a todo. No tenemos nada que reprocharnos, porque sea el camino que elijamos labrar nunca será fácil. No es como dice Nicolás que los que están fuera y gozan de tremendo nivel de vida y hablan mal de la patria, pues ojalá alguien los perdone. No es así. Ojalá alguien lo perdone a él por tanta basura, tanta mentira y excusas. Que lo perdonen todas las madres que despiden a sus hijos, todas las familias globalizadas en el sentido más doloroso de la imagen.

En fin, todo esto de estar o no estar, ir o venir, ella o él vinieron o se fueron, viene y se va. Eso es todo: un interminable plan de fuga con diferentes escalas de dificultad y tiempo. Los correos y mensajes que llegan diciendo que busques un trabajo o algo que estudiar pero no vuelvas, no vayas, no vengas. Es confuso el poder del verbo que habla de movimientos tan radicales. Las vacaciones han perdido su significado transitorio. Eso de sin querer llegar a un sitio y fruncir la boca mirando al cielo pensando si puedes acostumbrarte a este lugar, será que si puede ser mi hogar. Oye no lo sé, como que hace mucho frío y no hay montañas. Pero igual son las dos de la mañana y vamos y venimos de un lado a otro, sin necesidad de tanta meditación porque todo el asunto de vivir se hace menos trágico.

No creo que sea justo darle tanta vuelta a quién la pasa peor, si los que se van o los que se quedan. Tampoco es fácil vivir sabiendo que te puede dar un gripón tumbador de voluntad, o que no sabes cuántos días pasarán sin darle un besito a tu mamá o para ver crecer a los bebés de tus amigos que muchos más bien son hermanos. No es fácil no saber si vas a ver el Ávila y caminar sus altas piedras como escaleras, quizás bajo la lluvia o sentir la espuma del mar cada vez que te provoque montarte en un carro y manejar un rato con la brisa perfecta en la ventana, la música y una cerveza. Eso no es fácil. No puede pensarlo nadie. Porque todos queremos por igual al paraíso, seamos honestos que todo el que vive afuera no pasa un año sin ir a Venezuela. O tal vez sí, pero si por viajar también se entiende el deseo, es un lugar al que vamos todos los días.

No sé si este texto se trate de una especie de petición de perdón. Perdón por no esperar sino tal vez por hacer. Por labrar camino en un mundo que no es el tuyo, donde quizás el deporte de moda es algo que no entiendes o hablar con alguien sea decir: «I’m sorry. I don’t understand». O buscar trabajo sea algo ilegal, y no se acerque jamás a lo que realmente deseas hacer. Todo esto viene para decir que en estos días en que cosas duras pasan y todos nos avocamos al poder de una red social para discutir nuestros puntos de vista, lo más tonto es pelear por ello. Es tonto juzgar aquello que cada quien tiene para decir porque el duelo es de todos y la manera de enfrentar las pérdidas no es la misma para todos los mortales. No lo digo con ánimos de «autoayudar» a nadie, es la verdad. Hace falta más sensibilidad porque irse queriendo no hacerlo es como terminar un noviazgo todavía queriendo, y que levante la mano quien no sepa a qué me refiero con esto.

La polarización que está institucionalizada no puede continuar separándonos, todo esto es muy duro desde el punto que se vea, al menos para todos nosotros que simplemente queremos vivir, vivir nada más.

Escuchar La balada del camino – Defernandez

¿Militar en el PSUV es demócrata?

In Opinión, Política on noviembre 27, 2013 at 6:31 pm

La democracia es un concepto imperfecto, complejo, rodeado de variaciones y distintas tipificaciones. Sin embargo, hay cuestiones inherentes a ella en cualquiera de sus formas. Una es que promueve la existencia de organizaciones sociales políticamente activas, llamadas partidos. El PSUV, como partido de gobierno, tiene un aparato electoral enorme, millones de personas inscritas que en teoría soportan toda la estructura.

Sin embargo, en Venezuela hay nuevos políticos que obtienen la oportunidad de optar por un cargo público una vez son tocados por la varita mágica de la dirigencia del PSUV.  Winston Vallenilla no es un conocido activista. Este señor es un artista que resultó víctima de un despido masivo con el cierre de los canales de televisión del país. Desde hace un tiempo ha estado vinculado con el gobierno, luego de mantenerse fuera de cámaras por una larga temporada; comenzó a ser el anfitrión del Kino Táchira, lotería que ahora también pertenece al Estado como casi todo lo que nos rodea.

Winston fue invitado por Luis Chataing a su programa. Allí se mantuvo una interesante entrevista con una dinámica muy respetuosa, pero de la que me parece interesante traer a colación esto:

¿Militar en el PSUV es demócrata?

***

LC: ¿En qué momento decidiste tú que querías ser alcalde de Baruta?

WV: Bueno, la verdad es que yo no tenía en mis planes ser alcalde de Baruta. El Presidente Nicolás Maduro, mi amigo, a quién respeto; con su equipo de trabajo, pues pensaron que yo era la persona idónea para hacer el trabajo en Baruta: político. Me llamaron a mi casa. Entonces, pregunté: ¿Por qué yo? Y me dijeron: «Bueno, ¿tú no vives en Baruta?, y además, tú haces bien la política. Eres una persona honesta». Yo tengo más de diez años viviendo en Baruta, y la verdad es que no me dieron mucho tiempo de pensarlo. Porque eran unos días ahí antes de tomar las decisiones. Y la verdad es que lo vi como una gran oportunidad, porque como te digo, yo creo en la evolución. Yo soy un revolucionario, soy socialista y soy chavista, es verdad. Y como revolucionario, socialista y chavista quiero evolucionar en el sitio donde se me permita servir.

***

Luego de escuchar esto, con rostro atónito surge la pregunta: Si yo fuese militante del PSUV, si yo sintiera la democracia participativa y estuviese trabajando de alguna manera para este gobierno, quisiera tener la oportunidad fruto de mi trayectoria como activista de llegar a desempeñar un cargo público. Pero no, en el PSUV la cosa es a dedo. «Algunos», los que toman las decisiones, la clásica «cúpula podrida» -ahora en singular- es la que dicta quién es quién.

La verdad es que Winston tiene razón, optar a un cargo público es una oportunidad. Que te respalde el gobierno poniendo al servicio de tu campaña todo el dinero que sea necesario, es una joya de ocasión. El detalle está en quiénes son esos que tienen acceso a eso. El PSUV no celebra primarias.

Sentí una terrible decepción pensando en quienes hablan de democracia en nuestro país. Por quienes, como Winston en su diálogo con Chataing, dicen buscar la unión y el progreso, apoyando indiscutiblemente a una maquinaria política a la que jamás tendrían acceso. La verdad no sé hasta qué punto llevará toda esta contradicción. No es posible verle mucho sentido a este momento que afrontamos en el que la gente se cae a cuentos descaradamente y no quiere apreciar lo difícil que es tomar posición ahora en Venezuela. Lo complejo del sentido de responsabilidad que está en la participación política.

No es fácil entenderte, Winston. Y así como a ti, a muchos venezolanos que dicen querer construir un país mejor, pero se empeñan en aliarse con quienes a diario lo destruyen.

¿Quién mató a Hugo Chávez?

In Carta, Opinión, Política, Reflexión on marzo 6, 2013 at 7:31 am

Si pudiera decirle Sr. Maduro, nuevo vocero de la mal llamada revolución, que es usted mismo el que mató al presidente. Usted, que llora en alocución nacional junto al resto de los cómplices de este calificado públicamente asesinato.

De seguro me mirará ofendido y en consecuencia, dada la parafernalia que le caracteriza, junto al máster en adulación que con honores merece, me enviaría al calabozo, al fondo más profundo del destierro por semejante acusación.  Pero a pruebas me remito. Ha sido usted y muchos de los que hoy estuvieron a su lado en el Hospital Militar, un fiel seguidor del Presidente Chávez. Sin embargo, nunca le aconsejó que se moderara, que fuese al médico, que se cuidara. Ninguno de ustedes lo hizo. Aun sabiendo tan de cerca el estilo de vida malsano que llevaba. Fue su padre escogido, «figura paterna y modelo a seguir» -en palabras del propio Jon Lee Anderson-, el Comandante Fidel Castro, quien le apreciaba y admiraba también, al punto de escuchar sus discursos «embelesado», quien le instó a hacerse una revisión médica y allí fue que le detectaron el cáncer que se lo ha llevado.

Dígame entonces quién mató al presidente Chávez si no ha sido usted mismo y todas las personas que han retado su mortalidad, su condición humana, su resistencia. Quiénes sino ustedes que alimentaron su ira, que apoyaron sus decisiones impulsivas aplaudiendo como focas entrenadas de un circo. Déjeme decirle que han sido ustedes, su gabinete de confianza quienes han llevado al presidente hasta la última consecuencia de su obsesión. Ustedes, personas falsas, sin moral. Refugiados en cuentas bancarias multimillonarias, frente a conquistas que no son suyas gracias a su magnífica capacidad para asentir, lisonjeros sin criterio ni vergüenza.

Si fuese usted un verdadero amigo del presidente Chávez, jamás le habría apoyado en sus proyectos en contra de sí mismo. Jamás le habría permitido enfrentarse a una campaña presidencial falsa de la cual el único beneficiado es usted. Jamás lo habría expuesto a las masas completamente enfermo mientras avanzaba en su interior su mayor adversario, para luego internarse en Cuba, lugar donde nadie pudiese traicionarlo. Él lo sabía. ¿Acaso le parece casual que el tratamiento se haya efectuado allá, lejos de usted y los suyos, de nosotros, lejos de la realidad? Ustedes son tan enemigos de él como todos los que injustamente acusan. Enemigos, en palabras del presidente Chávez, por supuesto. Los términos de guerra no caracterizan mi forma de expresión.

En nuestro país el único que se irguió frente a un micrófono vociferando desprecio fue el difunto, siempre en contra de todos los que no compartían esa devoción por él mismo y su proyecto. Eso le provocó el cáncer, su propia rabia, su propio ego, su propia deshumanización. Y es precisamente eso, lo que tristemente queda en los corazones de quienes lo siguen: intolerancia, resentimiento y me atrevo a decir absoluta pasión, enemiga de la razón.

Es lamentable y doloroso ver  a este séquito a la cabeza de un proyecto descabezado. Ojalá sea cierto que quienes nos dejan, en verdad nos observan. Espero el Presidente pueda ser testigo de todo lo que usted y su combo planean. Créame Sr. Maduro que aunque muchos se sorprendían de la inverosímil sentencia de estar gobernados por un muerto durante meses, a mí no dejaba de asustarme la cuerda de vivos que se queda con su legado, y la peor parte de él, por desgracia. Gente como usted que se aferran a su discurso y  que escudados en su imagen se abrazan a un poder inmerecido. Puede que esa sea la mayor irresponsabilidad de Hugo, el inmortal: ustedes. Usted mismo, convertido en lo que es hoy, un avaro inescrupuloso que se deforma apresuradamente por el deseo de controlar. Con su discurso rico en groserías y afirmaciones falsas, pero al mismo tiempo profundamente pobre en contenido y completamente deshonesto.

Yo que usted, además tendría miedo, porque el país se cae a pedazos y en su cuerpo no vive cáncer que lo borre del mapa para escapar de la justicia terrenal. Piénselo, recapacite y rectifique que cuando venga el derrumbe los vivos seremos quienes estemos para contarlo. Y por supuesto para pagar uno a uno sus desaciertos. Honestamente le digo, Dios se apiade de usted, porque aunque se refugie en el recuerdo del presidente, usted no es más que si mismo.

Entonces le digo, hoy, en la madrugada del 6 de marzo de 2013 que es usted cómplice directo de la muerte de Hugo Chávez. Dios lo tenga en su gloria y se encargue de juzgarlo a su manera. Quizás sea así, convirtiéndolo en figura incorpórea, la única forma de que vea la realidad más allá de la suya propia y eso se convierta en su castigo. Ojalá sea testigo desde donde esté y pueda ver a cada muerto que cae en manos de su desgobierno, cada cárcel como perfectas sucursales del infierno, cada edificio de Misión Vivienda deshecho antes de hecho. Ojalá pueda vernos así dependientes como estamos, en manos de clientelistas nacionales y extranjeros que nos chupan la grandeza como sanguijuelas, contradiciendo a pleno sus fulanas conquistas y promesas.

Que nuestro Dios sea justo y que en ustedes se haga la justicia también.

Ojalá Sr. Maduro.

La mala educación

In Opinión, Reflexión on febrero 17, 2013 at 9:21 pm

“La palabra no es el sitio del resplandor,

pero insistimos,

insistimos, nadie sabe por qué”.

Rafael Cadenas.-

(1930)

Tenía quince días libres y tres asignaciones. Me dediqué a resolver primero la que creí más compleja. Debía redactar una crónica de 4500 caracteres. Elegí un tema. Busqué soporte y lo encontré. Conocí un personaje maravilloso y trabajé sobre él. No fue fácil. Me topé con la amarga tarea de escribir en contra del tiempo por primera vez. Aunque eso no me quita las ganas de seguir insistiendo en convertirlo en oficio.

Faltaba muy poco para que se cumplieran los quince días de plazo. Resolví el examen de ortografía. No me pareció difícil, pero ya veremos cuáles son los resultados. La tercera tarea era escribir un cuento. Un consejo fue relatar alguna anécdota infantil y así lo hice. Me costó también. Además tenía el añadido de que debía leerlo en voz alta la próxima clase y hacer varias copias para los compañeros. Llegó el primer viernes de clases pasado el receso. Abrí el cuaderno luego de varios días y releí las asignaciones. Lamenté profundamente mi exceso de confianza en la agudeza de mi memoria.

El cuento debía ser de dos páginas, no de tres. Después de haberlo trabajado con intensidad me tocaba transformarlo. Sólo Dios sabe lo que es estar a solas con un texto y editarlo. Se resiste. Esa noche dormí solo tres horas. Me levanté el sábado corriendo para ir a clases a las 8:30. Pensé que imprimirlo y sacarle las copias no sería tan complicado. Comencé mi exploración caminando en círculos por el casco de Chacao buscando un buen samaritano que tuviese su negocio abierto. Todo esto a pesar de la advertencia del primer personaje al que le pregunté dónde podía imprimir y fotocopiar, a lo que me respondió muy sinceramente: “Todo está cerrado. Tú sabes cómo es. La octavita de carnaval”.

Igual no me rendí. Estaba convencida de que en una ciudad que se hace llamar capital, alguien debía tener la habilidad de tener un negocio que ofreciera este servicio. Finalmente lo conseguí. Después de hora y media, y de haber perdido mi primera hora de clases, hice mi cuota de turismo y me sentí miserable mil veces. Me desayuné tan tristemente como me percibía: compré una botella de agua y dos galletas. Sentí, una vez más la tragedia de este país que constantemente se mimetiza en todo.

Llegué a tiempo para la segunda hora de clases. Entregué mi examen de ortografía después de perseguir al profesor. Bendecía mi suerte, él aún no se había ido de la universidad. Me excusé torpemente por no entrar a clases y sólo le dije que había tenido toda la intención de participar. Llegó la hora de la clase de narrativa. Y ahí estaba triunfante y puntual. Había cumplido con todo lo asignado. Mi cuento tenía dos páginas después de seis horas nocturnas de edición. Estaba escrito en times new roman doce, interlineado doble. Había respetado los márgenes estándar y tenía diecisiete copias. Al entrar al salón el profesor pidió lo acordado. Me levanté orgullosa de mi asiento, había logrado cumplir a pesar de mi lamentable confusión que me ocasionó tantos retrasos.

Comenzaron a leer los cuentos los demás compañeros. “Los últimos siempre serán los últimos y los primeros siempre serán los primeros”. Dijo el profesor entre risas. En ese momento pensé en que nadie tendría que saber que mis copias estaban tan frescas, tan últimas. Transcurrieron las lecturas. Pasaron frente a mi cinco cuentos. Varios tenían más de dos páginas. Pocos habían considerado el interlineado doble y algunos márgenes estaban puestos en cualquier lado para disimular la extensión de sus historias.

Recordé mis tres páginas de cuento. Todo lo que pasé por cumplir con unos requerimientos que ni el profesor se molestó en notar que pocos habían considerado necesarios. Seguía contenta de que había logrado todo, pero no fue así. Transcurrieron las dos horas de clases y no dio tiempo de leer el fulano cuento. El profesor me lo regresó. Había vuelto a mi ese gran tormento. Me dije a mi misma: así se queda como está, no lo voy a editar más.

Salí del salón preguntándole a Dios qué quería decirme con todo esto. No sé si me respondió, pero si reflexioné una cosa: si los educadores en su rol de enseñar, cuando contemplan enviar una asignación que debe reunir determinadas características no se detienen a verificar que los trabajos las cumplan, entonces, ¿de qué sirve que las pidan? La verdad me sorprendió mucho darme cuenta de que solo un par se preocupara por seguir a cabalidad lo que dijo el profesor, y más aún que ni él mismo siquiera lo comentara.

Pensé en mi cuento, en cómo se negaba rotundamente a reducirse y lo poco que importaron mis esfuerzos por obligarlo. Luego se pregunta el común de la gente qué es lo que pasa en este país. Todo el mundo hace lo que le da la gana. Pero por supuesto que es así. Si aquí se dicta una norma, nadie la cumple y la misma justicia lo ignora. La impunidad pura señores. Hoy día en Venezuela la palabra no vale nada, ni las leyes, ni las asignaciones, ni los deberes. Y la misma academia, cuna del ejemplo, se ha colado en esta forma de vivir.

¿Entonces quién nos salva?

Versatilidad Inútil

In Opinión, Política on enero 21, 2013 at 12:40 pm

Es fácil ser versátil gracias a la ignorancia y definitivamente también a la habilidad. Pero “Al César lo que es del César”. Asumiremos que si poco se sabe, no se conoce mucho acerca del complejo proceso de aprender, y por ende podemos decir que se creerá tener la capacidad para saberlo todo sin esfuerzo. Nuestros funcionarios públicos de primera línea son fiel representación de ese incómodo lema, que más parece una burla cuando lo nombran, a veces hasta con una sonrisa en el rostro como si fuese una maravilla:

“Un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad”

Me sorprende que sirvan todos para todo. Una misma persona, como por ejemplo el señor Jaua en este caso, a quien elijo entre muchos, no porque me guste más, al contrario. Este señor es sociólogo y ha aspirado y/o tomado posesión de los siguientes cargos durante este largo proceso revolucionario, que por supuesto ha revolucionado toda lógica, se ha volado todas las normas y se ha erigido como un auténtico caos, pero eso ya todos lo sabemos hasta la saciedad, entonces:

1.- Ha redactado leyes participando en el proceso Constituyente del año 1999.

2.- Ha sido Ministro de la Secretaría de la Presidencia.

3.- Ha sido Presidente del FIDES – Fondo Intergumernamental para la Descentralización – Sólo comento que no puedo creer que esto realmente exista cuando aquí todo depende de lo que diga, desee, disponga o comunique telepáticamente Hugo, incluyendo este último método dado su estado actual de presencia entre los dos mundos. Así que se tratará, por supuesto, de un nido de corrupción por excelencia.

4.- Ha sido también Ministro de Economía Popular.

5.- Ha sido Vicepresidente Ejecutivo y, al mismo tiempo, Ministro de Agricultura y Tierras.

6.- Fue candidato a Gobernador del Estado Miranda. Por fortuna no lo consiguió.

7.- Y por último, desde hace unos días es Canciller de la República.

La verdad que leo y releo esta lista y no sé qué pensar. Es una lástima que ninguno de sus cargos realmente se corresponda con su supuesta especialidad. Para desempeñar todo esto, en teoría, Jaua debería ser en primera instancia Abogado para ser legislador, Administrador, especialista en Políticas Públicas, Economista, Ingeniero Agronómo e Internacionalista. Me quito el sombrero frente a todos los retos que el pulpo Jaua ha aceptado sin chistar. Y así como él hay tantos personajes, que si comenzamos esto va a generarnos una depresión muy fuerte de la que no deseo hacerme responsable.

Si este gobierno tiene catorce años funcionando, este señor ahora mismo se ha desempeñado en un promedio de dos años en cada uno de sus puestos, así que ni ha estudiado ni ha aprendido por la experiencia absolutamente nada. Bueno, para muestra un botón, no es difícil entonces entender por qué la cosa está así, el país está patas arriba porque la administración pública es un tablero de juegos de Hugo, el moderno Luis XIV latinoamericano, nuestro “Rey Sol”. Que mueve las fichas como mejor le parece sin fundamento alguno, enceguecido por su ego y complejo de sabiondo y además, paranoico.

Me entristece que en el país haya desaparecido el mérito y que unos cuantos expertos en el vergonzoso hábito de “jalar mecate” se hayan quedado con el volante – Sino pregúntenle a Maduro -. Aquí en este país ya ni siquiera hay función diplomática seria. Y esto me duele tanto porque soy de esos que tuvo el sueño de ir a Cancillería y aprender de los que han viajado representando, crecer leyendo y comprendiendo el arte de seducir con la palabra, de ser un intelectual, una carta de presentación, una monedita de oro que encarna a su país para conseguir los mejores tratos en las negociaciones con el resto de los Estados. Pero allá se ha ido ese sueño porque aquí se transformó el perfil para este cargo.

Los cancilleres son cualquier cosa menos algo parecido a lo que acabo de describir. Y no quiero menospreciar a nadie, pero es que esta gente lo menosprecia todo convirtiendo lo romántico en algo triste, carente de virtudes.

¿Qué más queda entonces? Ser versátiles como ellos, pero intentando no ser tan ambiciosos, mentirosos e inútiles, rebuscando entre nuestras fortalezas y habilidades para conseguir la supervivencia.

De nada sirvió pretender que no existían

In Opinión, Reflexión on diciembre 29, 2012 at 11:28 am

Billetes de 100 "Bolívares Fuertes"

Aún tengo fresca la imagen de la Señora en el baño del Centro Comercial atestado en navidad. Usando el típico atuendo muy ajustado con el cual parece que no puede respirar, exhibiendo una fisionomía que no escatima en dejar ver la mala alimentación con su hinchazón característica. Se alzó la camisa frente al lavamanos e introdujo entre la liga del pantalón y su cintura una paca gorda de billetes de cien. Tomó de los brazos a su hija y la sentó sobre el lavamanos para enjuagarle las manos empalagadas de dulce. Yo sólo las observaba mientras esperaba mi turno, como no puedo evitar hacer cuando estoy sola por ahí cazando historias.

Recuerdo ese momento porque aún está presente en mi cabeza:

“Van a eliminar tres ceros porque ya no caben las cifras en las computadoras, ni en los cheques, telecajeros, ni bolsillos”

Pero de nada sirvió pretender que no existían. Ya regresaron los enormes fardos de billetes de cien y cincuenta ajustados con ligas. A las colas de los bancos llegan a depositar los dueños de los negocios,  con sus bolsas de papel discretas disimulando la grosera cantidad de efectivo que producen,  y desfilan miles de billetes sin parar que no valen nada y sólo están por cumplir cinco años circulando como la gran novedad. Decretada en gaceta oficial en marzo de 2007, la llegada del “Bolívar Fuerte”, para una economía fuerte y un país fuerte, era la solución para la inflación y para facilitar el sistema de pagos nacionales, tomando como referencia los estándares internacionales respecto a las cifras y al número de billetes que debe portar cada persona[1].

Ya se acabó la sorpresa al verlos y la timidez para usarlos. Ahora necesitas tener siempre encima al menos cinco de esos billetes de cien con la cara de “Bolívar Fuerte” para no sentirte desnudo, “limpio”, indefenso. Nuestro país nos da la bienvenida a esta nueva era de todo a 1000, esa misma de la que nos despedimos hace pocos años. No ha dado tiempo de olvidarse de esos ceros escondidos. Sin pudor ni dolor todo vale aproximadamente lo mismo y las cifras son cada vez más grandes.

La economía se la llevó el mismo cáncer que tiene secuestrado al presidente en Cuba. Gobernados por una silla presidencial vacía, que recibe cada día un trasero nuevo, y que cuando está llena sólo se sienta en ella un representante irresponsable, caprichoso y malcriado que por cuestiones de “lealtad” y conveniencia no se busca unos buenos asesores porque quizás lo “maten”. Sólo gente de confianza, no importa que no esté capacitada, y manejan la banca del país como si estuviesen aprendiendo a jugar monopolio los amiguitos de la cuadra. No intento hacer de la desgracia un chiste, realmente quisiera ser sólo un espectador, pero no es así. Estamos hundidos con el barro hasta las rodillas. Todo cuesta tanto que en las mesas de los restaurantes la gente come pan y mantequilla desesperadamente.

Las imágenes son claras, y no necesito irme a sentar en Caricuao o en La Baralt para observar la miseria. La miseria está aquí en las casas de todos. En las tarjetas de crédito, en los carros viejos, en la ropa gastada, en la nevera casi vacía y en las viejas fotografías de los años de abundancia. La miseria está en esos padres primerizos que se asustan al ver el eco de una criatura que se acerca a este territorio sin posibilidades de planificación, a la “tierra de lo posible”. La miseria está en lo difícil que es imaginar el futuro.

Atrás quedó el “bolívar fuerte”, nunca tuvo tiempo de hacerle honor a su nombre. En su quinto aniversario ya se vienen de regalo todos esos ceros reclamando el lugar que les quitaron.

Bolívar Fuerte. Caricatura de Roberto Weil.

“El comandante hizo metástasis”

In Opinión, Política on diciembre 18, 2012 at 12:29 am

Ayer me levanté pensando que “ni loca” me iba a volver a parar afuera de mi centro por más de seis horas bajo el sol para votar. Me dije a mi misma que no podía repetir ese cuadro de fanática y que daba lo mismo votar a cualquier hora. Mi hermano sí se levantó – aunque siempre suele ser el último en hacerlo -, se bañó y se fue a votar. Regresó a los veinte minutos y me dijo que me animara y que fuera, que saliera de eso rápido. Mi conciencia me jalaba las orejas. Desperté a mi hermana que abriendo apenas un ojo me dijo que no, yo insistí, diciéndole que Diego ya había regresado. Así que nos fuimos y demoramos unos quince minutos tal vez. Nunca había votado tan rápido, y eso que no me he perdido ninguna de las funciones electorales.

De allí me fui a Sabas Nieves, andaba buscando la manera de drenar ese mal carácter que me tenía azotada. Estuve todo el día de muy mal humor tratando de mirarle el chiquito a todo el que veía.  Pensaba en mi ruidosa cabeza que estaba ocurriendo el tercer evento electoral del año. Pensé una vez más en que ya no me cae nada bien la democracia. En la subida solamente vi unos tres deditos morados, y unos chicos de unos diecinueve años estaban haciendo el mismo comentario. Era domingo y el Ávila estaba repleto. Pensé en que así estábamos todos, la pesadez del ambiente no la percibimos pocos. Después de los resultados del 7-O es comprensible sentirse decepcionado y agotado, después de creer por momentos que los resultados podían ser diferentes, chocamos con la realidad de que para el otro lado los recursos para movilizar y manipular son inagotables.

Estuve muy sensible todo el día, me dolía mucho la cabeza y cualquier cosa que me decían era capaz de hacerme reaccionar. Me mantuve muy al margen de todo y ni siquiera quise trabajar aunque tenía que hacerlo. El “efecto electoral” me golpeó con contundencia. Quise dormir, pero no pude. Me quedé de última en la sala de mi casa frente al televisor y de nuevo con la computadora sobre las piernas mirando el twitter. Al fin anunciaban los resultados. Tuve un ligero bloqueo sensorial hasta que sentí alivio por Miranda. Allí tuve un subidón de alegría y luego se vino la tragedia. El mapa teñido de rojo y yo sin ninguna explicación. El Zulia me dolió como una lanza, pensé en esa mina de oro en manos de este desenfreno de corrupción. Mi mamá salió de su cuarto y aunque nunca dice ni una grosería, se sentó a mi lado para lamentarse de que sus paisanos habían elegido a Arias Cárdenas.

Mientras tanto, Ramón Guillermo Aveledo estaba dando una rueda de prensa y dado su rol de velar por la Unidad, sólo se limitó a felicitar una vez más al “pueblo venezolano”. Me preguntaba yo cómo este hombre y todos los demás que están en esta organización, todavía tenían ganas de seguir luchando por este país que no se cura de “indiferencia” o que definitivamente está mandando mensajes escondidos en el aire que aún no se logran captar. Salvar la democracia parece tarea imposible con un electorado que no comprende el rol que le toca jugar.

No es un tema de quién gobierne, es que este asunto de la polaridad es insostenible. Sin embargo, me detengo a pensar que no todo se puede reducir a la abstención. Por ejemplo, no comprendo la conducta de los Henrique Salas en Carabobo, con seis períodos gobernando una misma familia siguen aspirando a la reelección y deseando perpetuarse en el poder. Hay que ver hasta qué punto los líderes de oposición están siendo coherentes en su discurso. El panorama político en nuestro país se ha complejizado duramente y no hay oportunidad para el error, y mucho menos para ser el espejo de eso que se crítica. En días como hoy me entristezco pensando que esta trama es como una película intensa que nos maltrata, pero que no podemos dejar de mirar.

Sea lo que sea, pareciera que si algo está claro es que hay muchos electores que a pesar de que el país se nos viene encima creen que esta línea de gobierno es la que conviene. A pesar de que todo cuesta 1.000 Bs, que un billete de 100 parece que sólo sirve para comprar chucherías, que las carreteras están oscuras y rotas, que el secuestro y la muerte dejaron de ser titulares porque son un delito aceptado y digerido, de que no hay transporte público, de que el dólar está más alto que en cualquier parte y es el que dicta el valor de las cosas, de la humillante escasez, del tráfico voraz, de los niveles de obstinación que nos invaden como una especie de cáncer. A pesar de que el mundo es más grande que eso que nos afecta directamente,  estamos intentando vivir el clásico del “hoy puedo, mañana no sé”, porque el desempleo no deja ver el futuro, conducimos un carro con un parabrisas cubierto de niebla. Todo improvisado, esperando con qué van a salir los personajes de la política ahora, qué decisiones van a tomar, elegidos por nosotros, quizás en contra de nosotros.

Yo sólo reflexiono acerca de cómo se nos va la vida de esta manera.

Yo sólo creo que la apatía no funciona y que nadie va a venir milagrosamente a resolver nada. Yo no creo en superhéroes.

Yo sólo creo que no te puedes ir de viaje sin votar y que no puedes decir que el voto no sirve de nada y que no crees en el CNE.

Yo sólo creo que si voy a trabajar en política en medio de este clima, tengo que definir de qué lado estoy. Yo creo que es necesario ser coherentes.

Yo sólo creo que se acaba el tiempo que nos regala la vida y que si no trabajas en función pública no deberías pasarte todo el día haciendo el trabajo de ellos pensando en ¿Qué vamos a hacer con este país?

Yo sé que lo único que demuestra la opinión política en democracia es el voto. De nada sirve quejarse durante cinco años y cuando viene la elección desentenderse.

Yo sólo sé que nos estamos matando poco a poco. Que somos como Hugo muchas veces y nos mantenemos en el juego de eso que nos enferma.

Yo sólo coincido con eso de que “El comandante hizo metástasis” y que padecemos de una enfermedad incurable, siempre que tantos sigan formando parte “silenciosa” de ese otro lado que critican con tanta fuerza.

Elecciones regionales Venezuela 2012