Betina Barrios Ayala

Archive for the ‘Música’ Category

Yôganidrá

In Música, Nueva York, Poesía on julio 31, 2015 at 4:37 pm

The Williamsburgh Savings Bank Tower, at 1 Hanson Place, Brooklyn http://fishki.net/50381-bruklinskij-neboskreb-51-foto.html

The Williamsburgh Savings Bank Tower, at 1 Hanson Place, Brooklyn / Picture found at http://fishki.net


Sobre el pasto, la tierra me chupaba,

me tomaba entre sus cantos

 

En su voz comencé a soñar y hacerme grande,

con los dedos podía tocar las copas de los árboles

Luego posé mi índice derecho en las manecillas del reloj rojo,

de One Hanson Place in Downtown Brooklyn

 

Después, pude ver la tierra sin mapas,

y soplé un poco sobre el mar para hacerme con las olas

Seguí creciendo, y el mundo estaba en mis manos,

y yo driblaba en la vía láctea

 

Luego estallé en mil partes y fui el universo,

para poder ser pequeña e invisible,

escondida en todas las cosas.

 

¿Qué es Yôganidrá?

Era celular

In Música, Nueva York on junio 7, 2015 at 12:47 pm

celulares

Mantengo mi viejo aparato en una bolsa plástica en la gaveta. Igual, es un celular chino, el más barato que vendía Movilnet-CANTV a mediados de 2013; pero con pantalla de colores y posibilidad de bajar tres o cuatro aplicaciones básicas. Olvídate del Instagram. Cuando eso empezó, mi amiga Eleany invocaba mi presencia en la red con el hashtag #BetySinInstagram. Pero yo había renunciado a los celulares de alta tecnología, pues era una constante víctima de una serie de robos. El último exitoso: me estacionaba a unas cuadras de la oficina en La Trinidad. Abrí la puerta y saqué una pierna para anclarme en la calle, mientras sacaba las llaves del carro y sostenía el celular entre la oreja derecha y mi hombro, mi amiga Mariana me daba los detalles de la fiesta por su despedida de soltera. Un hombre con chaleco naranja, lentes y casco negro proveniente de la parrilla de una moto se acerca a la puerta. Me pide el teléfono insultándome. Se lo doy sin mediar palabra. Pensé que iba a llevarse el carro, que obvio, no era mío, sino de la santa de mi madre que me lo había prestado. Uff no se llevó el carro. Igual, ya el viejo Blackberry tenía un montón de botones que no servían, estaban tiesos, pero, ¿para qué cambiar de teléfono si en cualquier momento te lo van a quitar? Casi le agradecía al ladrón. Primero por no llevarse el carro, y después porque ya ese perol me sacaba de quicio. A veces ni podía finalizar las llamadas con esos botones de yeso. Bueno, gracias, Dios, me dije. Y unos meses después compré ese fulano chino, y eso porque la amiga que me prestó un Nokia inmortal, ya me pedía que se lo devolviera. Vale decir que cuando usaba el Nokia también me robaron, pero me lo regresaron. Nadie quiere un teléfono de pantalla verde sin WhatsApp. Ladrones coños de madre, venía saliendo de la premiación de cuentos de la policlínica metropolitana, a pie, y nos llegaron los bichos en las motos sobre la acera en Caurimare. Habíamos tomado la audaz decisión de volver a pie a casa. A Mardon le quitaron su celular y las llaves de su casa, qué pálida. Yo solo tenía ese Nokia prestado, que de verlo me lo regresaron y no se llevaron el morral porque les dije que lo que tenía era unos tuppers sucios con restos del almuerzo. Salí caballo blanco. Solamente con el susto. Esos son mis recuerdos de celular. Sin contar la vez que me salvé en la cola frente al museo del transporte. Unos coñazos en el vidrio, pero me las di de arrecha y volantee hasta que los tipos se cansaron y se fueron. Gracias, Dios. Otra vez, aunque temblando.

Total que ese teléfono chino no era más que lo mejor que pude comprar por lo que estaba dispuesta a pagar, y fue mi último celular. Cuando me fui de Caracas a finales de 2013 me negué a comprar otro, no sabía si regresaría pronto, y de gastar los preciados dólares, pues más vale unos tragos y una buena cena que un perol que valga más que tu vida. Así que me acostumbré a vivir sin él en esta época celumaníaca, me atreví a vivir Nueva York, sin guías digitales y a perderme en su metro de colores y letras y números sin valerme de la ayuda de las invaluables apps.

Lo cierto es que prescindir de un celular en esta época, te hace sensible a percibir el grado en que los demás necesitan de él. Ayer, sentada leyendo en la estación, el tren estaba loco como pasa algunas veces los fines de semana. Y entonces desfilan vagones vacíos a toda velocidad y se acumula gente en el andén y nadie sabe qué es lo que pasa. Pero yo con mi libro, como si nada. Entonces llegó un grupo de cuatro, todos con camiseta violeta y gritaban sus argumentos, con esa acústica fantástica que te da la vida subterránea. Me dije que los odio tantas veces, porque entre las letras de Proust venían sus gritos y entonces no podía leer. Y llegó esa china con su risa nerviosa y se sentó junto a la rubia que estaba a mi lado, y desplegando su mapa del subway con dimensiones de periódico cuando eres niño, un papel doblado en mil partes que al abrirse no hay brazos que lo alcancen. Y la pobre, preguntaba cómo llegar a su destino. La rubia le explicó, y yo cada vez entendía menos mi libro y me perdía en sus instrucciones en inglés para chinos perdidos. Entonces le dijo, «It’s confusing. And you don’t even have a phone», porque sin teléfono nada, no eres capaz de nada, y qué diría Cristóbal Colón, que se aventuró en el océano con un mapa incierto y abrazado a la duda de si se iría por las cataratas que daban la bienvenida al fin de un mundo plano.

Los teléfonos ahora son todo. En los conciertos se acabaron los mecheros. Los artistas dicen que los dejen ver el cielo lleno de infinitas estrellas falsas, cuando la audiencia prende su lámpara en el smartphone. Y es que ya en las multitudes no hay que lidiar solo con cabezas, ahora hay teléfonos, miles de ellos, y la gente prefiere tratar de enfocar que disfrutar el concierto, esos minutos de dicha en los que se hace real lo que siempre ha estado en ficción. Y entonces las ves, miles de pantallas que se roban la realidad que tanto querían quienes allí están y se alejan del objetivo, tratando de atesorarlos por siempre en sus pantallas. Y es que llegan a un punto de amor por ellos, sus celulares, sus pasaportes a la importancia en las redes sociales, que en la multitud, algo puede caer al suelo, pero si tienes el teléfono, nada más es importante. El celular, el protagonista de esta era, en la que todo tiene que ver con el wi-fi, y si no pues nada, nadie entiende cómo vives.

Al final, pues he sucumbido. Después de año y medio sin celular, lejos de casa, ya mi madre me decía, que lo hiciera por mi familia. Ya la cosa es un asunto moral. Sin celular estás lejos, nadie te encuentra, eres la nada. Pero igual, siempre lo llevo en silencio, trato de que no se vuelva tan protagónico. Y con todo y eso mi madre me dice, a pesar de que estamos juntas en tres grupos en los que siempre hay imágenes y el double check, y no hay manera de estar perdido, que no sabe de mí. Así es cómo todos quieren saber tanto de los demás, tanto que ya no importa dónde están en ese momento, sino dónde quieren estar; y entonces viajamos en el celular a las reuniones con los amigos que están lejos, y les decimos Te quiero, y nos trasladamos al patio de su casa o a esa playa en la que siempre estuvimos acostumbrados a vernos, y nos volvemos a sentir cerca, y nos volvemos a ver otra vez, y ya nadie está perdido en esta era celular, en la que solo estás vivo if you appear online.

Mando Diao. Un nombre que parece no significar nada

In Crítica, Música on agosto 17, 2011 at 10:15 am

Esta es la primera reseña que escribo sobre una banda, y lo hago sobre esta porque aún cuando estamos comenzando el segundo semestre de este año 2011, y queda mucho por descubrir de la esfera musical, su disco Above and Beyond MTV Unplugged, liberado a finales de 2010 ha sido una de las mejores grabaciones que he tenido el privilegio de escuchar durante este año.

Personalmente, disfruto del trabajo que significa la producción de un proyecto unplugged. La mayoría de estos trabajos, concepto de MTV, son impecables. Siempre con colaboradores instrumentales y vocales que convierten una cosa en otra completamente diferente y muchas veces mejor a la que fue grabada anteriormente. Esa oportunidad de escoger de toda tu discografía hecha hasta el momento los mejores temas y trabajarlos hasta casi alcanzar la perfección, es realmente maravillosa. Confieso que considero absolutamente afortunadas a las personas que asisten a estas grabaciones unplugged, realmente muero de la curiosidad de comprender quiénes son éstos que asisten y cómo lo hacen. Quiero un amigo en MTV que me pase dato.

Esta banda no es reciente, tiene una trayectoria de más de 10 años y 6 discos incluyendo este último, grabado en Alemania a finales de 2010. En las primeras reseñas escritas sobre la agrupación, un escritor mencionó que se trataba de la mejor banda que había escuchado que no poseía contrato. En 2002 lanzan su primer disco, y ya en 2004, son catalogados por prensa internacional como una de las mejores bandas del año.

Se trata de un excelente acompañante para una buena velada musical. Para mi, esto ocurre todos los días y no puedo pensar un momento en el que no reproduciría este disco. Lo recomiendo absolutamente. Y aunque Mando Diao es un nombre que parece no significar nada, es el que lleva una de las mejores bandas de rock contemporáneo y lo demuestra sin duda en este trabajo generoso de 23 canciones que no puedo esperar a tener en mis manos.

Para escuchar online: http://grooveshark.com/#/album/Above+And+Beyond+mtv+Unplugged+/5255448

Guitarra

In Música on mayo 26, 2011 at 3:44 pm

Aproximadamente el 70% de cada uno de mis días escucho música mientras hago alguna otra cosa. Confieso mi debilidad por la guitarra. Las guitarras hacen estremecer el cuerpo, son dedos y manos sosteniendo un instrumento y literalmente tocándolo y golpeándolo para emitir sonidos. El movimiento de los dedos, la postura del intérprete. Todo es goce, todo es armonía.

Respeto a los escritores de música. Definitivamente tienen talento especial. Reproducen sonidos con su instrumento y a su vez dejan testamento de esto para poder volver a escucharlos. Tocarlos ellos, los demás. Tienen la posibilidad de compartir su pasión, sus sentimientos, su conocimiento.

A veces quisiera experimentar su talento. Y no espero para hacerlo. Puedo tomar una guitarra con mis manos y mientras escucho tocar al artista me meto en el papel. Trato de reproducir los sonidos que escucho. No tengo idea de lo que hago realmente, pero es una forma de cumplir con mi fantasía de tener esa capacidad de hacer música.

Los músicos de calle, esos que te sorprenden de vez en cuando. Vas a tu paso, con tus propósitos en la cabeza y los escuchas y te roban, te roban la mente y te ocupan los sentidos. Igualmente disfruto eso, me gusta que me saquen de mi espacio para llevarme al de ellos. Me gusta su espontaneidad. Encontrarlos en el metro, en una plaza, en la calle. Son encuentros fortuitos, pero perfectos. Me encanta el talento inesperado. Es excitante.

Mi papá me enseñó a escuchar música. Me presentó hace muchos años a Paco de Lucía. Siempre ha sido amor. A lo mejor por eso me gustan las guitarras. Su forma. Una figura perfecta de curvas y cuerdas. Después de él, he conocido a muchos guitarristas y he notado que la mayoría de mis canciones favoritas la tienen como protagonista, haciendo intro, solos, compañía perfecta también. Mi abuelo tocaba; y no solo hacía música, también contaba historias y con la guitarra hacía sonidos imitando las situaciones que narraba.

Con esto quiero animar a los músicos. Quiero expresarles mi admiración total a su habilidad, a su compañía y a su magia. Aplaudo hoy y siempre a la guitarra y a las manos que la hacen hablar.