Betina Barrios Ayala

Satyagraha

In Opinión, Política, Reflexión on mayo 28, 2014 at 11:26 am

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«Cuando las palabras pierden su significado,

la gente pierde su libertad».

Confucio

(551 a. C – 479 a. C)

Las imágenes de la represión en el país son devastadoras. El año 2014 nos ha entrado de golpe; ciego ante conquistas democráticas previas, renegando vilmente de nuestra historia, -o de la que pensamos que era-. Con sus errores, sin duda. Sería ceguera no reconocerlo.

No hemos visto a la democracia fortalecerse frente a sus fallas, la hemos visto cada vez más pobre en la transgresión de las palabras y los conceptos. La democracia que tantos años lleva y al mismo tiempo no, la democracia de la que presumimos, pero nunca hemos conseguido. Todavía no.

No hace falta relatar repetidas veces lo que sucede; lo cierto es que nos preguntamos al unísono qué hacer, cuándo y cómo hacerlo. Sin embargo, hay respuestas en la historia y logros muy importantes alcanzados a través del empleo de estrategias distintas. Si algo caracteriza a la oposición venezolana, sea del color que sea -que bien sabemos es multicolor-; es la no violencia. Al menos en el discurso de los voceros de todos los sectores, se alza siempre el llamado a la resistencia pacífica, evitando las provocaciones, que no solo debilitan, sino que fortalecen a un oponente que goza de poder sin medida.

Satyagraha es un concepto creado por Gandhi para definir un método de desobediencia civil no violenta; que comprende una organización sistemática, con presencia de tácticas y estrategias que lleven a un colectivo a alcanzar sus objetivos ético-políticos soportados por una fuerte identidad espiritual y apoyada en principios democráticos.

Gandhi recibe el prefijo de Mahatma de manos del poeta Rabindranath Tagore;  Mahatma quiere decir grandeza de alma, es un título religioso en la India. Gandhi sufrió una serie de transformaciones a lo largo de su vida que resulta muy interesante rescatar para poder dar validez a sus propuestas. Su familia provenía de la casta vaiśya; la tercera de las castas tradicionales de la India, formada por comerciantes, artesanos y campesinos.Cuando era joven no se destacó en la academia. En algún momento tuvo la oportunidad de estudiar en Londres; y en ese entonces, consideraba a Inglaterra la cuna de filósofos y poetas, el centro de la civilización. Sin embargo, con el pasar del tiempo, observando a Oriente desde Occidente y con la lectura de grandes pensadores como León Tolstói y Henry David Thoreau; se daría cuenta de que este Imperio habría perseguido acabar con numerosas e importantes tradiciones de la cultura de su país, y que su poderío había cercenado sus derechos como nacionales y reforzado un profundo desconocimiento del pueblo en sí mismo.

Mahatma Gandhi era un practicante de Karma Yoga, una de las ramas de esta filosofía práctica que se basa en las enseñanzas del Bhagavad-guitá. Etimológicamente quiere decir: unión a través de la acción; el objetivo del Karma Yoga es la liberación a través de la obra; en este sentido Gandhi es considerado ejemplo de ello, pues dedicó gran parte de su vida a la lucha por la reivindicación de los derechos de los indios y la independencia de su país.

La carrera de Gandhi como líder de la resistencia india comienza en Sudáfrica; país al que viaja a raíz de una oportunidad laboral, y en el que consigue una minoría india carente de todo derecho, despreciada y discriminada racialmente. Frente a estos evidentes abusos y la amenaza de promulgar leyes que derogaran su derecho al sufragio; Gandhi comienza a organizar la resistencia de sus compatriotas.

En un principio, Gandhi sostiene el no cumplimiento de la ley del gobierno británico; llamando a esta acción resistencia pasiva; sin embargo este concepto no logra calar en los indios por su origen extranjero y pronunciación en inglés; y es por ello que se convoca a un premio a través de la prensa en Indian Opinion; un periódico fundado por el propio Gandhi, para hallar una palabra que definiera la lucha del pueblo. Recibieron numerosas alternativas, entre ellas la palabra Sadagraha, que significa «firmeza en una buena causa»; pero Gandhi prefirió Satya en lugar de Sada, que quiere decir verdad; formando Satyagraha: firmeza, fuerza de la verdad.

El origen sánscrito de la palabra movilizó al pueblo, devolviéndole sus raíces y valores, sin tener que importarlos de nadie. Gandhi señalaba que Satyagraha se diferencia de la resistencia pasiva porque la segunda ha admitido violencia en algunos casos y tiene el estigma de ser atribuida a los débiles. Además, la resistencia pasiva no está necesariamente con la verdad. Satyagraha es algo completamente diferente, porque es un arma fuerte y consistente, que no admite la violencia y que encuentra su fortaleza en la defensa de la verdad; tiene un componente ético ineludible y por ello, una clara relación con los conceptos y el lenguaje.

También es la fuerza del amor y del alma, es la convicción en el sentido de una lucha. Perseguir la verdad no admite ningún tipo de violencia hacia el oponente; el propósito es advertirle de su error y hacérselo saber con simpatía y paciencia. En las confrontaciones, la verdad de los unos, puede ser falsa para los otros. Satyagraha, es el rescate de los conceptos, el restablecimiento de la verdad sin violencia. No se persigue el sufrimiento del oponente, aunque seamos nosotros quienes suframos.

En Satyagraha no existe el éxito. Esto es porque el éxito, ̶ por definición en estos términos de confrontación̶, implica la derrota o la frustración de los objetivos del oponente. En Satyagraha, el objetivo tiene que ver con una conversión del oponente, no con la coacción. El éxito se define en términos de cooperación para llegar a un acuerdo entre las partes. No se trata de ceder espacios, ni de pasar uno sobre otro; se trata de reconocimiento. Los medios que se usan para conseguir objetivos no pueden ser contrarios a ellos; es decir: no se usa violencia para lograr la paz, ni se abusa del otro para lograr justicia.

Cuando se planteaba por parte de grupos radicales el uso de la violencia, llamando cobardes a los activistas no violentos, Gandhi respondía:

«Yo creo que cuando hay sólo la opción de elegir entre cobardía y violencia, yo podría aconsejar violencia. Yo podría preferir tener una India armada para defender su honor, pero sería hacerlo de una manera cobarde, convirtiéndonos en testigos de nuestro propio deshonor…Yo creo que la no violencia es infinitamente superior a la violencia, y el perdón es más viril que el castigo».

«No debe haber impaciencia, no barbaridad, no insolencia, no excesiva presión. Si queremos cultivar el espíritu real de la democracia, no podemos permitirnos ser intolerantes. La intolerancia traiciona la necesidad de fe en una causa».

Luego de revisar este ejemplo histórico concreto, el cual conllevó muchos años, pero obtuvo éxito; es importante no perder el norte en la consecución de nuestros objetivos como ciudadanos portadores de derechos ante el gobierno en ejercicio. Concientizarlos, entenderlos y digerirlos. En nuestro país se ha debilitado el lenguaje; los conceptos han cambiado su significado y esto es profundamente peligroso. Esta es una característica de los gobiernos totalitarios: la transgresión del lenguaje. Y ha sido señalado en la literatura por grandes intelectuales contemporáneos como Octavio Paz. En el merecido homenaje a Paz, en la Plaza Los Palos Grandes el pasado 26 de abril en Caracas; Rafael Cadenas resaltaba la importancia del rescate del lenguaje en la recuperación de nuestro país. Y esa es una de nuestras tareas: comprender los significados de nuestras exigencias y traducirlas en cómo nos comportamos cada día. ¿Qué significa cada palabra que enuncian mis consignas? ¿Cómo puedo explicarle a quién no lo entiende? Con violencia no lograremos revertir los daños que nos ha causado como sociedad el mismo espiral de violencia en el que vivimos. Debemos respetarnos entre nosotros. Debemos ser pacientes y conscientes. Debemos ser consecuentes. Debemos ser firmes con la verdad como bandera, devolviendo a nuestras palabras su esencia para lograr movilizaciones sólidas y concretas donde no haya lugar para la duda y en la que logremos incluir a todos los sectores de la sociedad que compartimos las mismas demandas y que reclamamos los mismos derechos; solo que por esa pérdida de significados nos hemos perdido a nosotros mismos.

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