Betina Barrios Ayala

Pasaje para no olvidar

In Opinión, Política, Reflexión on mayo 1, 2014 at 11:06 am

«In violence, we forget who we are»

Mary McCarthy.-

(1912-1989)

Hoy parece que alguna vez fuimos venezolanos.

Hoy parece que mucho de eso lo hemos olvidado.

No hay palabras, es un sentimiento.

Es extrañar pensar en algo más que en sobrevivir a diario, es ver los recuerdos como un impulso para volver a ser y para ser mejor. Es el restaurante de carne en vara, es el río reflejando el cielo como un espejo de barro. Es una cachapa, un pabellón, una empanada. Es la playa, el ron, nuestros afectos. Las montañas, la sabana.

Hoy son las lágrimas calientes al ver el dolor cotidiano, un contraste con el recuerdo y una promesa rota de abundancia. Ciudades destruidas, sueños quebrados. Familias divididas. Ancianos solitarios. Miseria y desesperanza.

Hoy parece que a un conjunto de metras estáticas les hubiese caído una sola desde bien alto y así, dispersas, como hormigas desesperadas cada quien corre sin destino claro.

Hoy tristemente no sabemos quiénes somos y ese es el problema. Nos hemos olvidado de todo arrastrados por una espiral de violencia.

¿Cómo es que hay venezolanos capaces de justificar la forma en que vivimos?

En nuestro país hay demasiada sangre inocente derramada.

Estamos enfermos de tanto llorar. Enfermos de miedo.

Venezuela merece un mejor gobierno. Sin mirar atrás solo para buscar culpables, sino para enmendar aquello que se ha hecho mal y seguir adelante. Está comprobado que no se puede hacer país ignorando a una mitad que vive en él. Ni hoy, ni ayer, ni nunca; por ninguna razón. Absolutamente nada lo justifica y ningún venezolano debe aspirar a ello. Y el que lo haga no merece ser quien nos diga qué hacer.

Eso ya lo sabemos.

Recordando a Mahatma Gandhi: «An eye for an eye leaves the whole world blind».

Debemos perdonarnos. Esta división no ha hecho más que sumir a nuestro país en el abandono.

Y con él, a nosotros mismos. A la deriva.

Mucho se critica a quien con ansias imperialistas multiplica las guerras. Entrega la vida de sus propios  para presumir de su poder. Aquí se entrega la vida de venezolanos a diario. Aquí hay una guerra. Y muy dura porque es entre nosotros mismos. Y nuestras autoridades la niegan. Es más importante el dinero y el pasado intercambiable que la vida en la patria socialista.

Ningún país será capaz de gobernarnos si somos una nación fuerte. Como bien sabemos que podemos ser. Con nuestra música, nuestros maestros, nuestro clima perfecto, nuestra alegría y solidaridad. Y sobretodo, con nuestra propia historia. No necesitamos los complejos ni las condiciones de nadie. Tenemos fuerza suficiente para ser Venezuela. Única, maravillosa, inmensa.

Los únicos culpables de no tenerla somos nosotros mismos.

Por favor, demandemos un mejor país. No nos merecemos esto.

Venezolanos, debemos ser más que nada venezolanos. Necesitamos poder dormir, sonreír, invertir nuestro tiempo en hacer lo que nos gusta, no en maltratos. No en maltratarnos. Ya basta.

Humildad. Venezuela necesita humildad. No más soberbia. Todos podemos equivocarnos y tenemos derecho a rectificar.

Luego será tarde. No merece la pena vivir así solo por una falsa venganza que cobra vidas de millones de nuestros hermanos y que parece no tener final. Vidas de jóvenes que tienen derecho a enfrentar sus propias batallas, no las de quienes ya tuvieron su momento para luchar.

No se construye vida sobre la muerte. No hay paz en medio de tanta injusticia.

No importa nada más. Escuchemos música venezolana, asomémonos a la ventana para ver los árboles floreados de múltiples colores, la sonrisa que se ha perdido en todos nosotros, pero que bien sabemos cómo se ve. Ese sentimiento de abrazar lo nuestro, es todo. Eso es, esa es la verdad, no hay imperios de nada cuando se trata de una nación soberana.

El mundo es muy complejo y mucho de él se mueve por poder y plata; ¿Vamos a hacer de nuestras vidas el bolsillo de las pirañas? No señor, aquí lo que hace falta es ser venezolano; con arpa, cuatro y maracas.

Ese es el lugar común que despierta, el amor por esta patria, la única que tenemos, nuestra tierra, nuestra batalla.

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