Betina Barrios Ayala

Herido en casa

In Crónica on abril 6, 2014 at 12:16 pm
Imagen tomada de la página web del artista http://www.ryanhewett.com/

Ryan Hewett
RELEASE ME
Oil on Canvas
http://www.ryanhewett.com/

Crucé la puerta de entrada y no podía creer lo que escuché decir a mi mamá. Cerca de las diez de la noche, venía con una torta en los brazos y una sonrisa que poco me dura en estos días de profunda oscuridad. Ella me dijo que teníamos un herido en casa.

Mi hermano atravesó la sala de entrada cabizbajo, me saludó con un gesto desesperanzado y yo lo seguí hasta su cuarto. Sentado en su cama estaba ese muchacho. Tenía una sonrisa terrorífica, parecía sentirse extraviado, sus ojos eran nobles. Vi todos mis recuerdos de estudiante arrastrarme y me dolió como un zarpazo, como siempre, ahora, todos los días. Estaba envuelto en cobijas y mi mamá le preguntaba si aún sentía frío mientras le calentaba una sopa. Su ropa y zapatos estaban arrumados en una esquina completamente manchados de sangre. Tenía vendas en los brazos y la espalda. Lloré. Lloré mil veces porque así debe ser la guerra. Le ofrecí un pedazo de torta. Él me sonrió.

Diego, mi hermano, estaba en casa después de las manifestaciones del viernes 4 de abril. Ya me ha contado numerosas historias de la represión, cómo tienen que esconderse en edificios e iglesias. También cómo los persiguen para llevárselos injustamente presos, cómo los maltratan y agreden como si de escoria se tratara. Mientras miraba la televisión recibió una llamada extraña, su amigo le decía: «Me dieron, sálvame». Diego se levantó, comenzó a caminar confundido y tomó las llaves del carro. En el camino volvió a marcarle al herido, le preguntó dónde estaba y dijo que lo llevaría a una clínica; a lo que él contestó que no tenía seguro y que estaba en el CDI. Allí no lo curaron, no hay con qué ni por qué. Él estaba tembloroso y asustado: «Apúrate, chamo. Me van a venir a buscar los pacos».

Diego colgó y condujo hasta Chuao, entró al estacionamiento del CDI; estaba desierto. Puso la palanca en neutro y le marcó otra vez, le dijo que estaba afuera, que dónde estaba. Se sintió observado, inquieto. Un minuto más tarde apareció la imagen del herido, cojeando, atravesando con dificultad el asfalto para llegar hasta el carro. Él vive en Los Teques, y afirmó tener más miedo de decirle esto a su mamá, que a enfrentarse mil veces más a la Guardia Nacional. Diego no sabía qué hacer con su compañero ensangrentado y muerto de frío, ¿A dónde llevarlo? Se apresuró para llegar a casa, tocó la puerta de la vecina de enfrente que es médico. Ella lo curó, lo vendó, lo salvó. Esa noche durmió con nosotros, en la cama de mi hermano bajo la mirada protectora de todos. Le cambiamos las vendas, lo acompañamos. Él nunca será el mismo. Ya nada será igual. Pero no tiene miedo, no Señor.

La historia dice que ambos estaban manifestando en Chacaito. Diego se fue alejando con un grupo, mientras él se retiraba vía Las Mercedes. Se despidieron. Ya se verían en la Universidad. Mientras el muchacho caminaba para alejarse del lugar, una brigada antimotín apareció sedienta de reprimir hasta lo que ya no se manifiesta. Lo rodearon entre varios y lo comenzaron a amenazar. Lo reventaron a perdigonazos. El brazo actuó de escudo protegiéndole el rostro. La cara, apuntar a la cara, la cabeza, el daño máximo, el odio, el resentimiento, los vestigios de la mal llamada revolución y ahora su sello aparente. Un par de balines le atravesaron el brazo izquierdo de un lado a otro, perforándole completamente la piel; los demás se dispersaron, hiriendo a quemarropa, profundo, visceral. Masacraron su espalda, lo golpearon. Su bolso quedó lleno de orificios y pequeñas metras negras. Cayó al piso de dolor, paralizado de miedo. Los guardias solo decían «Mátalo». A lo que uno más cruento respondió: «No vale, déjalo ahí que ese se desangra y se muere solo».

Así está la violencia, así está el país, ésta es la guerra. Los estudiantes frente a la «Fuerza Armada» de  un proceso fracasado, ciego, pobre, cundido de miseria y desmedida corrupción. Que doloroso es saber que hay quienes toman un borrador y sin pudor recortan y pegan la historia para hacerla parecer justa y conveniente a sus intereses, sirviéndose de la ignorancia y la mentira para justificar cualquier acción. Yo no perdono esto. No perdono atentar contra los jóvenes, es la muestra de cobardía y salvajismo más grande de cualquier régimen perverso, apátrida y represor. Un desgobierno débil, que se burla del pobre utilizándolo como excusa para mantenerse robando. Un buen gobierno no se sirve de la violencia, un buen gobierno trabaja, no habla desesperado acaparando todos los medios para demostrar quién es. Demostrar que no es, que es nada, nadie. Es basura, es vacío, es horror.

Este punto de protesta comenzó el día de la juventud. No es casual, no.

Suenan detonaciones y gritos en la mañana. La guardia está en la calle. Cacerolas. Reclamos. Justicia.

Gritemos con brío:
¡Muera la opresión!
Compatriotas fieles,
la fuerza es la unión.

¡VIVA LA UNIVERSIDAD! ¡FUERZA ESTUDIANTES!

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  1. hola, trabajo con una red de noticias y nos guataría conocer más sobre lo que cuentas. Puedes contactarme?

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