Betina Barrios Ayala

Irse, quedarse, ir o venir, entrar o salir

In Nueva York, Opinión, Reflexión, Viajes on enero 23, 2014 at 12:41 pm

Estas son las únicas palabras que importan y sobre las que todos hablamos cada vez. Absolutamente todo se trata de eso en estos días. Estar o no estar en el medio de un caos que lo que está haciendo es escupiendo gente, pero la verdad es que no se trata de si vamos o venimos, estamos todos metidos. De una manera u otra buscamos ocuparnos con aquello que nos distrae cada día y que no puede ser pospuesto, pero ahí está siempre el centro de todo como susurrando en el oído:

̶  «¿Viste lo de la cueva? Ese país es lo más bello. Podría ser la más grande de su tipo. Es como si hace millones de años Dios hubiese tomado plastilinas de colores y las hubiese amasado en este lugar. Siempre es así. No es que tienes una cascada, es que tienes la cascada más alta del mundo. No es que hay unas montañas, es que son las primeras que aparecieron en  la tierra».

Y así nos quedamos un rato con la cabeza gacha haciendo movimientos en negativo, leyendo las noticias una tras otra como si fuésemos a encontrarnos con algún gran cambio. Un rostro moviéndose de izquierda a derecha repetidamente, con una luminiscencia propia del reflejo de una pantalla, quizás con las manos en la cara y unos ojos enamorados.

El frío del invierno golpeando con sus motas blancas las ventanas no hace más que inducir un encierro que deriva en el inevitable over think de las transiciones. Escucho la música que ha nacido de toda esta tragedia económica y social en que se ha convertido el país, que de las cosas más bellas que quedan es la incansable producción creativa que coloca la valentía como consigna frente a todo. No tenemos nada que reprocharnos, porque sea el camino que elijamos labrar nunca será fácil. No es como dice Nicolás que los que están fuera y gozan de tremendo nivel de vida y hablan mal de la patria, pues ojalá alguien los perdone. No es así. Ojalá alguien lo perdone a él por tanta basura, tanta mentira y excusas. Que lo perdonen todas las madres que despiden a sus hijos, todas las familias globalizadas en el sentido más doloroso de la imagen.

En fin, todo esto de estar o no estar, ir o venir, ella o él vinieron o se fueron, viene y se va. Eso es todo: un interminable plan de fuga con diferentes escalas de dificultad y tiempo. Los correos y mensajes que llegan diciendo que busques un trabajo o algo que estudiar pero no vuelvas, no vayas, no vengas. Es confuso el poder del verbo que habla de movimientos tan radicales. Las vacaciones han perdido su significado transitorio. Eso de sin querer llegar a un sitio y fruncir la boca mirando al cielo pensando si puedes acostumbrarte a este lugar, será que si puede ser mi hogar. Oye no lo sé, como que hace mucho frío y no hay montañas. Pero igual son las dos de la mañana y vamos y venimos de un lado a otro, sin necesidad de tanta meditación porque todo el asunto de vivir se hace menos trágico.

No creo que sea justo darle tanta vuelta a quién la pasa peor, si los que se van o los que se quedan. Tampoco es fácil vivir sabiendo que te puede dar un gripón tumbador de voluntad, o que no sabes cuántos días pasarán sin darle un besito a tu mamá o para ver crecer a los bebés de tus amigos que muchos más bien son hermanos. No es fácil no saber si vas a ver el Ávila y caminar sus altas piedras como escaleras, quizás bajo la lluvia o sentir la espuma del mar cada vez que te provoque montarte en un carro y manejar un rato con la brisa perfecta en la ventana, la música y una cerveza. Eso no es fácil. No puede pensarlo nadie. Porque todos queremos por igual al paraíso, seamos honestos que todo el que vive afuera no pasa un año sin ir a Venezuela. O tal vez sí, pero si por viajar también se entiende el deseo, es un lugar al que vamos todos los días.

No sé si este texto se trate de una especie de petición de perdón. Perdón por no esperar sino tal vez por hacer. Por labrar camino en un mundo que no es el tuyo, donde quizás el deporte de moda es algo que no entiendes o hablar con alguien sea decir: «I’m sorry. I don’t understand». O buscar trabajo sea algo ilegal, y no se acerque jamás a lo que realmente deseas hacer. Todo esto viene para decir que en estos días en que cosas duras pasan y todos nos avocamos al poder de una red social para discutir nuestros puntos de vista, lo más tonto es pelear por ello. Es tonto juzgar aquello que cada quien tiene para decir porque el duelo es de todos y la manera de enfrentar las pérdidas no es la misma para todos los mortales. No lo digo con ánimos de «autoayudar» a nadie, es la verdad. Hace falta más sensibilidad porque irse queriendo no hacerlo es como terminar un noviazgo todavía queriendo, y que levante la mano quien no sepa a qué me refiero con esto.

La polarización que está institucionalizada no puede continuar separándonos, todo esto es muy duro desde el punto que se vea, al menos para todos nosotros que simplemente queremos vivir, vivir nada más.

Escuchar La balada del camino – Defernandez

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