Betina Barrios Ayala

2014

In Crónica, Libros, Nueva York, Reflexión, Viajes on enero 12, 2014 at 4:20 pm

Eran las tres de la mañana y saliendo del bar me senté en Lorimer St. mientras el cartel digital anunciaba que el tren llegaría en diecisiete minutos. Me sumergí en la lectura del primer cuento de Bolaño en Llamadas Telefónicas, donde habla de Sensini, los concursos literarios y las vueltas de la vida. Escogí este libro con plena conciencia de que me ayudaría a soportar el trayecto. El regreso a casa durante la noche en Manhattan puede hacerse muy largo y hay que intentar mantener los ojos bien abiertos para no aparecer en el Yankee Stadium rodeado de personas que se han rendido también a la fuerza de su propio cansancio.

Terminó la historia donde el autor no para de pensar en Miranda Sensini y acaba con la simpleza de estar en un balcón mirando la luna tomando coñac junto a ella. Me reí varias veces mientras me daba cuenta de que ésa es la maravilla de la vida, simplemente disfrutar de los encuentros que te tocan y las pequeñas cosas que con los ruidos de la cabeza a veces se tornan imperceptibles.

En los últimos días mis conversaciones internas se han vuelto similares a una asamblea multitudinaria; mareas de pensamientos y emociones, de dudas y preguntas que se repiten sin cesar. El monitoreo de Venezuela desde afuera siempre me ha parecido particularmente obsesivo, pero no puedo evitarlo. Estas miras satelitales sobre mi casa, sobre mi país son excavaciones hacia mi interior. El futuro que tanto puede asustar y parecer tormentoso colmado de infinitas incertidumbres. Qué hacer, qué decir, a dónde ir. Por qué esto y aquello. Las malas noticias, la violencia, el miedo.

Pero lo cierto es que noches como esta me hacen entender que también podemos elegir que no sea así. Subirnos a los patines y enfrentarnos a todo lo que nos espera con la mejor actitud. Esta noche cruzaba un parque bajo la lluvia, mirando las gotas caer en los charcos, sumergida en mi propia decisión de perderme en las inmensidades de una ciudad infinita sin teléfono ni mapas. Armada con una libreta llena de direcciones y números con la fotografía de google maps impresa en la cabeza. El Empire State se dibuja a lo lejos cubierto de una espesa bruma, peleando por figurar entre puntos incesantes de luz y yo me digo que no hay nada más bello que hablar solo y caminar sin miedo. No hay nada en las lamentaciones más que una profundización inútil en los problemas que nos abruman porque parecen no tener solución.

Cuando finalmente me senté en la butaca azul en el tren comencé a palpar mis alrededores dándome cuenta de que Bolaño se había ido. Había perdido mi libro que escogí de compañía para el largo recorrido que debía hacer para volver a casa. Éste era apenas el primer tren, debía cambiarme y atravesar todo Manhattan de sur a norte. Pateando en el aire y hablándome sola, entré en la nueva plataforma de espera para el segundo tren. Un muchacho tocaba el violín. Como mis aventuras con Roberto habían terminado me propuse mantenerme despierta conversando. Un peruano de New Jersey me pidió una dirección y su tren llegó primero. Al perder a mi interlocutor, el violinista me preguntó mientras tocaba qué me gustaría escuchar: «Play something sad. I lost my book», le dije.

Me descubrí con un concierto privado de regreso a casa mientras se hacía el tiempo líquido. Me dije a mi misma que no hay otra vida ni otro tiempo que éste que nos ha tocado vivir. Lo que debemos hacer es darnos a la tarea de ser felices, de no esperar nada sino construir momentos simples que le den significado a este milagro que es vivir. Muy a pesar de todo lo que parece estarnos acorralando, la vida sigue, sigue mientras respiramos y solo queda de nosotros hacer lo mejor con esta oportunidad. Enfrentarme al papel en el 2014 para decir que viene un año duro, con decisiones difíciles, pero son los tiempos que nos han tocado y la mejor manera de vivirlos es rescatando las pequeñeces, la inmediatez. De nada sirve jugar a la pitonisa, de nada sirve el miedo y la expectativa paralizante. Debemos seguir adelante porque el camino siempre es largo, pero puede ser apasionantemente bello.

Feliz 2014, que se venga con todo y nosotros sin miedo para enfrentarlo. Después del duelo por perder a Roberto,  me queda la ilusión de que alguien más esté disfrutando su viaje.

Leer Sensini de Roberto Bolaño

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