Betina Barrios Ayala

Calvario

In Crónica, Reflexión on marzo 28, 2013 at 1:23 pm

Ya me había perdido alguna vez en el centro de Caracas. Había pasado frente a esas escaleras mirándolas de reojo sin saber qué era lo que habitaba al final de ellas, y eso me inquietaba. Tenía el firme propósito de subirlas cualquier día en que se me volvieran a atravesar, era un paseo obligado en mi lista de turista por Caracas. ¿A dónde me llevarían esos escalones que parecen infinitos? ¿Qué hay en ese lugar con aires de tierra prohibida?

No lo planifiqué así. Llegamos frente a las gradas y cruzamos a la derecha. Comenzamos a subir una colina que te deja justo frente a un arco erigido por Cipriano Castro en 1895, ese tipo de joyas arquitectónicas no son lo que abunda en nuestra ciudad víctima de la desmemoria. Es amarillento y está decorado por figuras humanas que no tienen manos. Al pie de este monumento histórico está un militar de boina y ojos rojos. No le vi una sola gota de armonía, de amabilidad. Nos miraba con sus ojos desesperanzados y agresivos. Lo evadí todo el tiempo, como si no existiera. Mariana le dio las buenas tardes, él no devolvió el saludo. Yo de entrada sabía que sería así.

Nos sugirieron esperar un tranvía para hacer el recorrido, pero preferimos caminar. Nos recibe tras el arco una subida en zigzag que me hizo recordar los parques en las montañas en medio de Santiago de Chile. Un camión verde del ejército está accidentado con los cauchos espichados y lleno de basura mostrando un graffiti que reza «Fuck the Police», redundancia pura. Más adelante, el puesto ocupado por los militares, exhibe un colectivo de imágenes del expresidente intercambiadas con el conocido «¡Hasta siempre Comandante!». Sin querer me lleno de tristeza.

Seguimos avanzando y en cada descanso admiro la vista que me ofrece este nuevo observatorio de mi ciudad. Unos ojos ausentes me miran desde el tope del edificio del Banco de Venezuela. Presumo que después de todo, el expresidente es ahora todo un «Big Brother». Está en todas partes. En las franelas, en los muros de la calle, en sombreros,  estampitas y pañuelos. Su sueño de omnipresencia se cumple comandante. Ojalá se regocije en el cielo.

Llegamos a un café llamado «Venezuela» que solo ofrece productos hechos por mujeres y hombres de la patria socialista. La gente comía sancocho. Sólo había café y jugos con su corazoncito hecho en socialismo. Se escuchaba una música muy agradable, aunque un poco alto el volumen. Un grupo de personas estaba reunido en una de las mesas más grandes discutiendo temas de alta política. Quisimos escuchar qué era lo que decían, pero no tuvimos éxito en nuestra labor de espías. Este edificio también tiene una sala de lectura. Hay una vista privilegiada de Miraflores y del Museo Militar, que está decorado con un«4F» en tamaño gigante, allí es donde está el expresidente «descansando».

Nos levantamos de la mesa y seguimos recorriendo el parque. Subimos más escaleras. Unos jóvenes estaban haciendo actividades de integración en una plaza inmensa, cada uno con su franela alusiva a alguna institución del gobierno o manifestación oficialista. Nos quedamos paradas viendo lo que hacían. Ellos estaban felices cantando bajo la sombra de los árboles. A un lado hay un parque infantil muy moderno y más allá una especie de capilla. Subiendo una rampa circular está una plaza con Bolívar coronando el parque. Regresé a mi infancia y subí las escalinatas negras de la estatua. Desde allí desfila Caracas vista desde un ángulo completamente inusual.

Decidimos bajar para regresar. A la vuelta sí tomaríamos el tranvía, quizás su recorrido nos mostraría un paisaje distinto. Cuando llegó lo abordamos y vimos una niña que tomaba de su jugo Los Andes. Le dijo a su madre que creía que estaba malo. Ella ni lo probó, solamente se fijaron en la fecha de vencimiento y marcaba 30 de marzo de 2012. La niña regresó corriendo al café para devolverlo. Nosotras intentábamos disimular la indignación que ellas no manifestaron. Luego subieron dos niñas muy lindas acompañadas de su padre. Él lleva un brazalete de duelo en el brazo derecho.

Comenzamos el descenso y una de las niñas dice:

– Papi, ¿aquí todos son chavistas?

La hermanita responde sonriendo:

– ¿Por qué preguntas eso? ¿Eres escuálida?

El papá les dice:

– Sin comentarios niñas.

Mariana y yo sonreímos cómplices sin mirarnos. Bajamos del tranvía y nos dirigimos por la calle hasta las míticas escaleras. No nos iríamos sin subir los noventa escalones. Lo hicimos. Nos observaba otra vez el expresidente, ahora desde allí. Llegamos al tope y mientras callábamos solo contemplando, pensaba en todo esto. Era abrumador. No hablamos entre nosotras, estábamos mudas después de ese recorrido que nos había mostrado tantas cosas que ignorábamos.

Realmente lamenté presenciar que hay proyectos fantásticos y muy buenas ideas, pero las ejecutan mal. Fue duro visitar un espacio maravilloso que no parece público porque está dividido por una forma de pensar. Me apenó ver que los productos hechos por hombres y mujeres de la patria socialista están descompuestos y que los niños hablan con normalidad de chavistas y escuálidos. Me dolió  ser observada con sorpresa por los que allí nos vieron como ajenas y sentirme extraña en mi propia ciudad. No sé qué pasará con nuestra Venezuela, pero estamos divididos hasta la médula enfermos de ceguera de distintas maneras y este lugar es una perfecta metáfora de ello.

La verdad es demasiado grande para pretender conocerla y parece que El Calvario apenas comienza.

Imágenes de la visita:

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  1. Esos secretos que guarda nuestra ciudad de la furia. Una selva de concreto que esconde tesoros solapados bajo la subjetividad pobre de un pueblo dividido por su propia individualidad. Me alegra que hayas tenido la oportunidad de ver ese pedacito del tesoro historico y cultural que tenemos. Gracias por tus lineas.

    • A mi también me alegra conocerlos, pero me apena profundamente su significado. Esta división es clara ¿Dónde estamos ubicados los que no estamos fanatizados? Los que queremos vivir en paz, los que queremos hacer país, los que deseamos construir lo mejor. No lo sé. Aquí está planteada una guerra. Hay gente armada, manipulada y agresiva. Hay gente que tiene guardado en su corazón un rencor hacia todos los que no piensan igual. La situación es muy peligrosa y la evidencia está en muchos detalles. Sin ánimos de ser profeta del desastre confieso miedo. No sé cómo termina esta historia.

  2. triste realidad, mi querida Betina, la gran herencia que nos dejo el ex presidente la divisiòn del pais

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