Betina Barrios Ayala

La mala educación

In Opinión, Reflexión on febrero 17, 2013 at 9:21 pm

“La palabra no es el sitio del resplandor,

pero insistimos,

insistimos, nadie sabe por qué”.

Rafael Cadenas.-

(1930)

Tenía quince días libres y tres asignaciones. Me dediqué a resolver primero la que creí más compleja. Debía redactar una crónica de 4500 caracteres. Elegí un tema. Busqué soporte y lo encontré. Conocí un personaje maravilloso y trabajé sobre él. No fue fácil. Me topé con la amarga tarea de escribir en contra del tiempo por primera vez. Aunque eso no me quita las ganas de seguir insistiendo en convertirlo en oficio.

Faltaba muy poco para que se cumplieran los quince días de plazo. Resolví el examen de ortografía. No me pareció difícil, pero ya veremos cuáles son los resultados. La tercera tarea era escribir un cuento. Un consejo fue relatar alguna anécdota infantil y así lo hice. Me costó también. Además tenía el añadido de que debía leerlo en voz alta la próxima clase y hacer varias copias para los compañeros. Llegó el primer viernes de clases pasado el receso. Abrí el cuaderno luego de varios días y releí las asignaciones. Lamenté profundamente mi exceso de confianza en la agudeza de mi memoria.

El cuento debía ser de dos páginas, no de tres. Después de haberlo trabajado con intensidad me tocaba transformarlo. Sólo Dios sabe lo que es estar a solas con un texto y editarlo. Se resiste. Esa noche dormí solo tres horas. Me levanté el sábado corriendo para ir a clases a las 8:30. Pensé que imprimirlo y sacarle las copias no sería tan complicado. Comencé mi exploración caminando en círculos por el casco de Chacao buscando un buen samaritano que tuviese su negocio abierto. Todo esto a pesar de la advertencia del primer personaje al que le pregunté dónde podía imprimir y fotocopiar, a lo que me respondió muy sinceramente: “Todo está cerrado. Tú sabes cómo es. La octavita de carnaval”.

Igual no me rendí. Estaba convencida de que en una ciudad que se hace llamar capital, alguien debía tener la habilidad de tener un negocio que ofreciera este servicio. Finalmente lo conseguí. Después de hora y media, y de haber perdido mi primera hora de clases, hice mi cuota de turismo y me sentí miserable mil veces. Me desayuné tan tristemente como me percibía: compré una botella de agua y dos galletas. Sentí, una vez más la tragedia de este país que constantemente se mimetiza en todo.

Llegué a tiempo para la segunda hora de clases. Entregué mi examen de ortografía después de perseguir al profesor. Bendecía mi suerte, él aún no se había ido de la universidad. Me excusé torpemente por no entrar a clases y sólo le dije que había tenido toda la intención de participar. Llegó la hora de la clase de narrativa. Y ahí estaba triunfante y puntual. Había cumplido con todo lo asignado. Mi cuento tenía dos páginas después de seis horas nocturnas de edición. Estaba escrito en times new roman doce, interlineado doble. Había respetado los márgenes estándar y tenía diecisiete copias. Al entrar al salón el profesor pidió lo acordado. Me levanté orgullosa de mi asiento, había logrado cumplir a pesar de mi lamentable confusión que me ocasionó tantos retrasos.

Comenzaron a leer los cuentos los demás compañeros. “Los últimos siempre serán los últimos y los primeros siempre serán los primeros”. Dijo el profesor entre risas. En ese momento pensé en que nadie tendría que saber que mis copias estaban tan frescas, tan últimas. Transcurrieron las lecturas. Pasaron frente a mi cinco cuentos. Varios tenían más de dos páginas. Pocos habían considerado el interlineado doble y algunos márgenes estaban puestos en cualquier lado para disimular la extensión de sus historias.

Recordé mis tres páginas de cuento. Todo lo que pasé por cumplir con unos requerimientos que ni el profesor se molestó en notar que pocos habían considerado necesarios. Seguía contenta de que había logrado todo, pero no fue así. Transcurrieron las dos horas de clases y no dio tiempo de leer el fulano cuento. El profesor me lo regresó. Había vuelto a mi ese gran tormento. Me dije a mi misma: así se queda como está, no lo voy a editar más.

Salí del salón preguntándole a Dios qué quería decirme con todo esto. No sé si me respondió, pero si reflexioné una cosa: si los educadores en su rol de enseñar, cuando contemplan enviar una asignación que debe reunir determinadas características no se detienen a verificar que los trabajos las cumplan, entonces, ¿de qué sirve que las pidan? La verdad me sorprendió mucho darme cuenta de que solo un par se preocupara por seguir a cabalidad lo que dijo el profesor, y más aún que ni él mismo siquiera lo comentara.

Pensé en mi cuento, en cómo se negaba rotundamente a reducirse y lo poco que importaron mis esfuerzos por obligarlo. Luego se pregunta el común de la gente qué es lo que pasa en este país. Todo el mundo hace lo que le da la gana. Pero por supuesto que es así. Si aquí se dicta una norma, nadie la cumple y la misma justicia lo ignora. La impunidad pura señores. Hoy día en Venezuela la palabra no vale nada, ni las leyes, ni las asignaciones, ni los deberes. Y la misma academia, cuna del ejemplo, se ha colado en esta forma de vivir.

¿Entonces quién nos salva?

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  1. Uno mismo mi querida Betina, quien mas que uno para salvarnos de todo esto

  2. Cuando te gusta mucho algo… en este caso escribir… tratas de aprender literalmente de todo lo que dice el profesor… a veces nosotros mismo tomamos muy en serio lo que ellos nos enseñan… y lo mas seguro es que ni se acuerden en la prox clase de que dijeron eso que tanto te captó…

  3. Un tema muy popular del ska venezolano, de los populares amigos de Desorden Publico citaba: “quién nos salva?… Mikel Jordan”. Esta suerte de decidia no es nueva, tiene su data y pocos; como tú, sobreviven en lo que parece un período de extinción de los principios basicos de una sociedad. La impunidad, asi como muchas cosas en la vida, justifican su existencia en tres elementos; de ahí que la victima y el victimario con su psicodrama son la cesta ticket del oportunista.

    Un antiguo jefe decia: “la mejor forma de dar un buen ejemplo, es simplemente no dar un mal ejemplo”. No debemos caer víctimas del “silencio individual”; cuidando la formas, nos toca comprender que el cambio no recae en la individualidad; sin embargo, ello no menosprecia la huella que dejamos.

    Dentro de tu realidad, no limites tu opinión en el momento, te aseguro que en el trio psicodramatico de tu historia, seras (si no eres ya) la trazabilidad que precisa el cambio general que anhelamos.

  4. Impunidad es una palabra que me genera el mayor de los miedos. Dicho esto ahora muero por leer ese cuento Betina!

  5. Tengo tiempo sin hacer trabajos para una universidad, pero recuerdo exactamente esa sensación de hacer un esfuerzo grande para terminar algo que te apasiona y que lo terminen dejando pasar, sin hacer valer ninguna de las reglas. O que pasen por alto las cosas nuevas, distintas, para conformarse con lo corriente.

    Estamos en un país en donde el ser cortés es más importante que ser excelente. Aquí es más importante la fidelidad, el ser buena gente, el amiguismo… En todas partes el tener los contactos correctos significa algo, pero aquí vale mucho más que cualquier otra cosa. Inaceptable.

    Por eso te felicito por intentar hacer bien las cosas. Eso, que para la mayoría no vale nada, es el significado de la excelencia. Una palabra que se hace cada día más esquiva y que nos enfrenta a una mediocridad cotidiana cada vez más insoportable.

    Pero vale la pena luchar.

    Los grandes paises, las grandes academias, las grandes empresas se construyeron en base a que ciertas personas exigieron más y dieron lo mejor de sí. Nadie nos salvará, pero para que suban los estándares hay que imponer las ganas de ser mejor, de no conformarnos con lo que nos dan a pesar de lo que digan los demás (Y, a veces, de lo que digamos nosotros mismos). Hay que estar un poco loco para creerlo, o muy loco, pero eso no necesariamente es malo.

    No se si lo has visto, pero te invito a ver este comercial de Apple que, a pesar de ser un comercial, ilustra un poco el hecho de que estar un poco loco es, de hecho, algo bueno.

    Por favor, si no es mucha molestia, ¿podrías mandarme el cuento también?

    • Gracias. Que lindo video y comentario. La verdad éstas son cosas que pasan y que parecen insignificantes, pero que albergan consecuencias. Quizás a veces también pecamos de perfeccionistas, neuróticos y obesesivos. Esa también puede ser la otra cara de las cosas. No conozco la verdad, ni pretendo ser quien la encarne. Solo comparto lo que veo desde mi humilde experiencia, tratando de encontrar respuestas para nuestro duro desgaste social. Con gusto te enviaré el cuento. Saludos.

  6. no…. que mal sabor.
    Soy de esas personas que planean todo muy bien para que cuando reciban algo de mi, sea como lo pidieron. Hubiese muerto en se momento y vociferado delante de todo el mundo sobre mis quejas.

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