Betina Barrios Ayala

La pérdida de la magia

In Reflexión on enero 12, 2013 at 12:45 pm

“Y aunque vagamente sabíamos que los sueños

se convierten en pesadillas,

eso no nos importaba”.

Roberto Bolaño.-

(1953-2003)

 Todo es clasificable, inclusive las personas. Algunas tienen una especie de “don”, algo especial que las diferencia de las demás. El asunto es que éste es un arma de doble filo y es preciso llevar este atributo con elegancia, con sutileza y sin pretensiones. Todo esto para evitar el clásico y lamentable momento de la pérdida del brillo, el momento aburrido en el que lo inverosímil se hace predecible y repetido, convirtiéndose en algo triste, en su preciso opuesto.

Hay que saber administrar el encanto. Estarse alerta para no perderlo. No volverse invasivo y obsesivo con ese asunto de la magia. Muchas personas que conoces quizás te sorprenden, pero se vuelven falsos fantasmas de fantasías perdidas. En la vida hay espejos en todos lados, pero hay que elegir verse en el que mejor refleje nuestra propia esencia. Leí hace poco que no existe eso de “perder amigos”, sino que ocurre un necesario filtro que no deja colar lo irreal. A veces se sufre por la pérdida de seres queridos, y no hablo de la muerte, sino de las rupturas. Sin embargo, éstas son necesarias y se materializan para dejarnos seguir y tomar de esas relaciones que terminaron sólo lo bueno que tuvieron para dar. Hay relaciones que terminan para siempre y no hay vuelta atrás. Descubrir puertas secretas al interior de la gente que nunca debieron dejarse penetrar.

Todo como sucede en “Barba Azul”, ese cuento de Charles Perrault publicado en 1697. Narra una historia que me despertaba cierto morbo en mis abundantes lecturas infantiles. Estimulaba mi curiosidad. Se trataba de un hombre muy rico y poderoso que tenía una barba tan negra que prácticamente se veía azul. En el pueblo en que vivía se sabía que éste había tenido varias esposas, todas muy hermosas, más se desconocía su paradero y la razón por la cual este hombre siempre estaba solo. Un buen día, Barba Azul acudió a la casa de su respetable vecina a pedir la mano de una de sus divinas hijas. Con un poco de temor, pero encandilada por la riqueza y abundancia de la vida que le sobrevendría al lado de Barba Azul, la menor de éstas aceptó ser su esposa. Poco tiempo después de que se celebrara el casamiento, Barba Azul tuvo que salir de viaje. Al despedirse de su joven esposa, le entregó un manojo de llaves y entre ellas había una pequeñita y muy especial que llamó su atención, a pesar de la advertencia de su esposo de no utilizarla. La puerta que abría esa pequeña llave estaba prohibida y ella no debía abrirla bajo ninguna circunstancia. Así pues, ella se queda en casa abrumada por una insoportable curiosidad por saber qué era lo que había detrás de esa puerta. Vencida por el deseo, abre la puerta y detrás de ella encuentra una escena dantesca que la horroriza. Unas seis mujeres –todas anteriores esposas- colgadas de la pared que habían sido degolladas. La mujer en medio de sus nervios deja caer la llave sobre un charco de sangre y se precipitó a cerrar la puerta. La llave manchada delató a la mujer al regreso de su esposo, quien se dispone a darle el mismo destino que a sus anteriores amantes, más llegan en su rescate sus hermanos liberándola de las manos del poderoso Barba Azul.

La cuestión es así. Hay puertas en la gente que sería mejor no abrir. Antes de que eso suceda y se pierda la “magia”, el “brillo”, el “don”, es mejor seguir.

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