Betina Barrios Ayala

MotoTaxi

In Crónica on noviembre 24, 2012 at 1:53 pm

Héctor es un mototaxista que trabaja en Parque Cristal.

Lo conocí mientras caminaba bajo el inclemente sol de Caracas recordando al tipo que estaba en la salida del metro de Bellas Artes vendiendo una gaceta oficial con “La nueva Ley de Alquiler”, reviviendo ese susto que me pegó el señor que me preguntó tocándome el hombro si ese tren que esperábamos iba hacia Plaza Venezuela, en la mirada de ese que se fija con descaro, en el que canta en voz alta y usa lentes oscuros. Pensaba en la niña que va sentada y no se da cuenta de nada, en el parlante que dice que las sillas azules de los vagones son para discapacitados, embarazadas y adultos mayores y alguien responde en voz alta que “será cuando hay, porque en este no hay”. Pensaba en todo a la vez, en los olores, en los botes de agua que se pierde indefinidamente entre las grietas de la calle en la suciedad, en las cornetas. Cargaba tres carpetas oficio en la espalda con casi sesenta hojas foliadas cada una, devueltas del banco al que fui a tratar de comprar unas divisas.

Me dí cuenta de que necesitaba una moto para volver a mi casa y aprovechar lo que quedaba de día. Pregunté en la esquina de Parque Cristal si había mototaxistas. El primero al que le pregunté me refirió a otro que estaba justo al final de una gran fila de motos. Era él quien sabía a quién le tocaba llevar. Desfilaban a mi lado unas veinte motos sin chofer porque todos estaban en la acera de enfrente debajo de un frondoso árbol a la sombra. Nadie se queda estático bajo el sol. Estaban muy organizados. Cada uno con su chaleco de la Cooperativa. Se consultaron entre ellos cuánto costaba llevar a Santa Paula “arriba”, Me dijeron que 80 Bs. Yo les dije que era lo mismo que un carro y que sólo tenía 60. Él preguntó en voz alta y uno del grupo cruzó la calle, era Héctor. Se acercó a su moto, agarró el casco y me lo pasó para que lo usara. Le di los 60 Bs. Se subió a la moto y yo también tras él. Me preguntó si estaba lista, le dije sí y salió apresurado entre los peatones, sobre la acera.

Usa audífonos. Le dije gracias. Él se los quitó y me preguntó qué dije. Le dije gracias. Me preguntó a dónde iba y le expliqué brevemente. Se mostró extremadamente hábil. Se puso sus audífonos y cantaba. Se acercó otra moto desde la izquierda y el conductor le preguntó por unos repuestos. Conversan mientras avanzamos en la avenida a mediana velocidad. Comentan que se están robando todas las motos y andan en combo. También dicen que los chinos venden barato y tienen de todo.

Nos detenemos frente a un semáforo, después de haber ignorado todos los demás. Llega a muy baja velocidad otra moto a la derecha y veo cómo Héctor le pega un manotón en el casco con toda confianza como si se tratara de una palmada de un padre a un hijo sobre la visera mientras este usa una gorra de béisbol.

–          ¿Qué pasó roba pollo? – Dice Héctor.

–          ¿Qué pasó roba gallina? Ya te robaste a todas las gallinas de por ahí por tu casa. – Le contesta.

–          No compadre. Por mi casa lo que están es cortando gente. Los encontraron cortados con motosierras en el río. Toditos cortados.

–          No vale.

–          ¿Y qué vas a hacer?

–          Voy a llevar estas cosas y piro pa’ la casa, papá. Hoy es viernes.

–          Vaya el mío. Nos vemos.

De nuevo se coloca los audífonos y canta. Llegando ya me pregunta si trabajo por aquí. Le digo que no, que voy a mi casa, pero que ahí trabajo. Me dice que quiere ver la película nueva de Mel Gibson, que se ve buenísima. Yo le digo que me parece muy fuerte lo que contó recientemente de los descuartizados por su casa. Me dijo que esas eran las bandas. Que si a una le matan tres y los descuartizan, los otros también hacen lo mismo. Que por su casa hay mucho monte y quebrada y que los van encontrando en pedazos.

Llegamos. Le digo que no es necesario que dé la vuelta, que yo cruzo la calle. Él da la vuelta. Le doy las gracias. Me dice que se llama Héctor. Yo le digo mi nombre. Le pido su teléfono. Las colas ya no se aguantan y en mototaxi hay mucho de qué enterarse.

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  1. Qué gráfico, qué bueno!!! Crudo y pintoresco, como nuestra realidad.

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