Betina Barrios Ayala

Notas de sábado en la mañana

In Crónica, Reflexión on noviembre 10, 2012 at 7:36 pm

Me despierto a las seis y me doy cuenta de que es el momento de levantarme y ponerme cualquier cosa para salir. Visitar el mercado es una tarea de primera hora del día. Salgo del edificio y antes de subir al carro sostengo una conversación con un señor que está caminando en la acera mirando con atención hacia el piso, tratando de ubicar algo tal vez perdido. Él comenzó diciendo que media hora antes una persona había roto el vidrio trasero derecho de su carro y alguien del edificio de en frente llamó a la Policía de Baruta al 171. Llegaron rápido y se lo llevaron. Él observa su carro agraviado y me dice que no está asegurado y que no hay otro lugar para estacionarlo.

Esos fueron mis Buenos Días. Un diálogo que atestigua un crimen. Bastante impresionada me despido de esta conversación tan inquietante. Le deseo suerte y me dispongo a seguir mi camino. Pienso en que si hubiese salido al mercado media hora antes, quizás me habría encontrado al ladrón que estuvo en la acera frente a mi casa en la madrugada. Inevitablemente me envuelve una intimidante sensación de vulnerabilidad.

Tomo la autopista y llegando a Plaza Venezuela se encienden apresuradamente todas las luces intermitentes. Una enorme cola a las 7:00 am. que no se mueve. La ciudad no da tregua. Por más que cultive mi paciencia a veces me siento a punto de perderla.  Hay una naturaleza castrante en todo lo que nos rodea. Tomar una decisión puede derivar en el terrible arrepentimiento.

Disfrutar cualquier trayecto se ha convertido en un deseo épico. Los volúmenes de tráfico que nos caracterizan están convulsionando. Decidir si ir o venir a cualquier lado es algo que es necesario meditar. Ya no viajamos en carretera con soltura. Los sábados parecen lunes junto a su absurdo aglomerado de carros ociosos que por la ausencia de transporte público, otras alternativas para el traslado y la terrible inseguridad, se reúnen en masa sobre nuestras vías insuficientes y olvidadas.

Escribo estas notas sobre un papel amarillo viejo de una libreta que está en el carro. Estoy parada en la autopista con María Lionza al lado y ya son las 7:30 am. Me reprocho no tener un libro. Sólo tengo una pequeña cartera con mi tarjeta de débito, 200 Bs. en efectivo y el teléfono; que tampoco me permito utilizar con libertad porque al lado de todos los carros, camiones y autobuses estacionados, pasan motorizados volando que ya sabemos se han creado su fama.

Siento una enorme tristeza mientras observo la autopista minada de ruedas que no giran; una arteria obstruida que atraviesa una ciudad y comunica un país. Aquí se detiene el tiempo azarosamente contemplando pérdidas millonarias. Miro por la ventana buscando respuesta en todas esas caras que observan con impaciencia y resignación a través del parabrisas. Se bajan de los carros. Una señora vende el periódico. Tenemos más de 45 minutos quietos y experimento una desesperante desilusión viendo cómo se desintegra lo que queda del concepto de calidad de vida. Se nos ha borrado la sonrisa. Retratados aquí como víctimas de un sistema en el que se diluye el concepto de “servicio público”, y llegar al poder es sólo una absurda competencia que carece de conciencia.

Se escucha una sirena. Son los bomberos y minutos después avanzamos. Espero ansiosa entender qué pasó. Pero no es la primera vez. Después de más de una hora de tráfico parado, éste se reanuda y aquí nada ha pasado.

Tomo la salida que me corresponde para llegar a Quinta Crespo. Calles estrechas minadas de huecos y agua estancada arrebatada de suciedad, olores fermentados que se precipitan en los alrededores del Guaire, un basurero natural.

Finalmente, llego a mi destino

buscando donde estacionar,

 y empieza la retahíla de los “Mi amor, aquí te lo tengo”,

 “Todo de calidad”,

pura amabilidad.

Se me viene la sonrisa y empiezo a disfrutar,

 al ver la tradicional solidaridad.

“Humor y amor” como Aquiles Nazoa es lo que nos queda en medio del caos de la ciudad. Al lado de nuestras miserias va galopando presta la muestra de nuestra verdadera esencia.

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EL INFIERNO RODANTE

Por Aquiles Nazoa.-

Un crujiente montón

de abollado latón

que vomita, al pasar, sobre el viandante

un humo turbio, fétido, asfixiante.

Unos asientos hechos

al máximo de estrechos

provistos de una especie de bojotes

sucios, rotos, más duros que Monote

y en los que viaja usted casi en cuclillas

sin saber cómo hacer con las rodillas.

Y esto si no le toca ir parado,

besándole el cogote al que va al lado.

Un timbre que no suena

porque tiene la cuerda reventada,

y un chofer que no atiende o se envenena

si se le pide a voces la parada.

Unas descalabradas ventanillas

con el vidrio atascado o vuelto astillas;

una lámina entera despegada

que causa, en un frenazo, una cortada;

un piso con los hierros levantados

hundiéndose en los pies de los parados,

y unas costras oscuras en el piso

que parecen casabe untado con guiso.

Una puerta de atrás que no funciona

cuando se va a bajar una persona,

o que funciona tan violentamente

que, de darle donde es, mata a una gente.

Y, sobre todo esto, una hedentina

tan fuerte y tan tenaz a gasolina,

que, sin echarse un palo, hasta el más macho

si hace el viaje hasta el fin, llega borracho.

Este infernal suplicio,

digno de Adolfo Hitler y su corte

se llama aquí “Servicio

Público de Transporte”.

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  1. Muchas veces he escuchado a gente contarme historias de este tipo, y mi respuesta es casi siempre la misma: “La ciudad es un ser vivo, y en la medida en que no sotros agredamos a la ciudad ella encontrará la manera de mantener el elquilibrio, y la mayoría de las veces lo resuelve devolviendonos lo que nosotros le damos a ella”. Entiendo que aceptar esto es muy dificil para a mayoría de las personas, ya que conlleva el hacernos responsables por nuestros propios actos, y es algo de lo que gran parte de la gente en esta ciudad no esta dispuesta hacer. Muchas veces pienso que todos estos atascos y trancas automovilisticas son como una suerte de angel exterminador que la ciudad utiliza para hacernos ver, hacernos reflexionar, y así caminar en una misma dirección para encontrar una solución que nos permita recobrar el equilibrio, y lograr la armonía.

    Entiendo totalmante el sentimiento de frustración, creeme que no eres la unica en esto. Los atascamientos y las colas son el resultado de muchas otras cosas que se viene sucediendo a nivel, politico, economico,social, y cultural, en las ciudades de nuestro país.
    En verdad doy gracias porque exite este espacio que haz creado para encontrarnos y darnos cuenta de que compartimos puntos de vistas similares, y que no estamos solos entre miles que podría no importales, o estar apaticos a esta situación.

    Esperemos que Luis Buñuel y su Angel exterminador, nos agarren confesados. Confio en que podamos encontrar nuetros puntos en común, para así poder resolver los problemas que nos agobian a todos.

    El ángel exterminador, link:
    http://es.wikipedia.org/wiki/El_%C3%A1ngel_exterminador

  2. Sergio gracias por tu fiel lectura de siempre y aprovechar este espacio para tus propias reflexiones en torno a los mismos temas. Coincido en que el tráfico es una total consecuencia del mal manejo en todas las esferas. Esperemos que nuestro lindo valle logre encontrar espacio y soluciones que le permitan convertirse en la ciudad amable que todos demandamos. Aunque supongo para eso necesitamos que todos los que vivimos en ella le devolvamos el cariño que se merece. Sigamos observando y estudiando el caso para idear nuestra contribución.

  3. Me encanta tu blog Betina 🙂

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