Betina Barrios Ayala

Control de Vida

In Opinión, Reflexión on octubre 23, 2012 at 12:13 pm

El portal de CADIVI se renueva periódicamente y esas modificaciones me hacen cada vez más consciente del creciente e invasivo control que tiene el gobierno rojo en esta débil y casi inexistente democracia nuestra. El control de cambio ha evolucionado duramente. Cuando comenzó estábamos en pañales, no sabíamos lo que nos esperaba.

Sin embargo, al principio no parecía tan malo. Teníamos 5.000 USD para viajar y 3.000 USD para compras virtuales y el dólar estaba a 2.15. Muchos aprovechamos y viajamos todo lo que pudimos, pero no faltaron esos que se hicieron ricos a costa de esta decisión del gobierno; y no hablo de los funcionarios públicos que lógicamente se habrán aprovechado de esto como de otras cosas más, sino de esa buena cantidad de personas que decidieron hacerse millonarios con muy poco esfuerzo. Compraron cupos groseramente hasta que el sistema se cansó de la burla, y ahí empezó el vía crucis de transformaciones que hemos pagado todos los justos por los pecadores. Escucho perfectamente esas voces que me decían como si de eso dependiera su vida, completamente borrachos de avaricia:

“¡Vamos a sacarle la tarjeta de crédito a la señora que trabaja en tu casa!”

Total que meses más tarde CADIVI no se caló más burlas. Tarjeta de crédito con al menos seis meses de antigüedad para usar el cupo, 3.000 USD al año dosificados por destino y duración del viaje, y tristes 400 USD para consumo virtual que no alcanzan para comprar nada significativo. Se acabó la rochela de algunos y empezó la desgracia de muchos. Y así vamos poco a poco, entre los que se aprovechan de la situación y los que tenemos que padecerla.

Cuando decidí irme a vivir a Buenos Aires comenzó mi arduo recorrido interactivo con esta “Comisión de Administración de Divisas”. Al primer intento cuando quise hacer realidad mi carrera frustrada de Chef, rechazaron mi solicitud. Mi mamá y yo apelamos a todos los recursos, yo desde lejos rezando y ella dejando de ir a trabajar para sentarse en las sillitas fuera de la oficina de CADIVI desde muy temprano para conocer qué pasos seguir para validar mi derecho a estudiar uno de mis más grandes disfrutes.

No olvidaré nunca el día en que escribió para decirme:

“Fui a CADIVI y la muchacha que me atendió me dijo: Señora dígale a su hija que estudie otra cosa”.

Ese fue uno de mis primeros tropezones con el sentimiento de estar perdiendo mi libertad. Este organismo “obligatorio” nos controla, no sólo las divisas, controla nuestras decisiones, nuestras posibilidades y automáticamente aunque suene muy duro, controla nuestras vidas.

El cupo de estudiante ha sufrido innumerables transformaciones que van en detrimento de nuestras posibilidades. Al principio el procedimiento también era sencillo, pero cada seis meses más o menos aprietan las tuercas. Ya este es el punto en el que los estudiantes que recurrimos a CADIVI parecemos becarios. Ahora piden que apruebes las materias, que demuestres tus asistencias y que además no trabajes para considerar “darte tu limosna”. Los pocos dólares que te tocan. Aplaudo a esos que viven solo de la compra de los dólares de CADIVI, yo siempre tuve que trabajar para vivir afuera.

Lo peor es que ya no está a 2.15, ahora cuesta 4.30. Antes los estudiantes pagaban menos, ahora estamos todos en la misma olla. Estoy esperando Enero y su devaluación conjunta para ver como vuelven a cambiar las cosas. Seguiremos intentando sobrevivir y construir nuestra vida en medio de este absorbente control cambiario que inevitablemente interviene todo. Sin embargo, como en muchas de mis reflexiones me pregunto si todas estas restricciones habrían llegado tan lejos de no ser por esos corruptos anónimos que se arriman a la conquista de una vida fácil.

Muchas de las características de esta sociedad nuestra, que hoy responsabilizamos al gobierno por ellas, son un resultado directo de un patrón de conducta que no se apega a la norma. Muchos deciden vivir del chanchullo y la estafa, y esos son los de la doble cara. Total que en Venezuela no sólo estamos divididos en bandos políticos, sino también morales.

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  1. Es una verdadera desgracia. Cuando yo decidí venirme a Europa, a Italia, no me dio tiempo de sacarlo, además no sabía si iba a quedarme para siempre! Me hizo mucha falta porque no teníamos trabajo ni dinero y en Caracas con dinero en el banco periódicamente.

    Ahora, que se me vencieron las tarjetas de crédito, por fin me libero de ese yugo que era pensar si comprar algo y pagarlo alla, si usarla o no usarla, si sacar cadivi de alguna manera o no.

    Ahora que vivo los problemas de mis amigas que están aqui en España con problemas como que ya no les darán mas dinero, que ya su carrera no es válida o que les pidieron volver a sacar una carta estupida porque una palabra falta… me alegra no depender de Cadivi.

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