Betina Barrios Ayala

Cliché

In Uncategorized on junio 8, 2012 at 10:28 pm

La séptima edición de la revista Mono llegó hoy a mis manos desde alguien que identifica mis disfrutes. Realmente perceptivo, como él mismo se reconoce; sabía que me gustaría lo que me estaba regalando. Y así fue. Me encontré con un número especialmente dedicado a los clichés que rezaba en su editorial una cita de Oscar Wilde:

“La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos, las opiniones de otros, sus vidas una copia, sus pasiones, la cita de alguien famoso”.

Muchos colaboradores compartieron el significado del concepto en sus vidas e inmediatamente, hice mis propias reflexiones acerca de lo que representa en la mía. Relacioné una vivencia personal con un programa de radio que escuché hace pocos días; y reconozco que me cuesta engancharme con tertulias radiofónicas. Pero esta vez, alcancé a captar una conversación en vivo, en la que una muchacha rememoraba sus visiones infantiles y en ellas me vi perfectamente retratada. Tener una hermana casi morocha, llevándose apenas un año de diferencia es una total fuente de clichés públicos expresados por toda diversidad humana: “¡Pero ustedes no se parecen en nada!”, es una frase que nunca olvidaremos ninguna de las dos. Se podría decir que nos ha acompañado siempre.

En la radio, la chica recordaba la forma en que su mamá quiso en algún momento igualar el aspecto de ella y su hermana para ahorrarse el trabajo de captar la personalidad de cada una a través de la compra de regalos idénticos y el mismo peinado. Frases trilladas como “les compramos lo mismo para que las niñas no peleen”. No pude sentirme más parecida a una copia de lo que describía. Una hermana con la que no compartió el vientre, pero eso fue lo único que le faltó para que siendo pequeñas casi las mimetizaran. Tratando de convertir a dos personas en lo mismo, lo único que puede pasar es que radicalicen sus diferencias. Esa ley de Murphy, que también es un sólido cliché para toda existencia humana: no insistas demasiado en nada porque posiblemente sucederá lo contrario.

Pero afortunadamente eso es así. Hoy en día y desde el momento en que cada una pudo tener la oportunidad de definirse a sí misma, Lula y yo somos como vinagre y aceite, como el ying yang: dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias. Somos dos elementos completamente diferentes, pero que no pueden vivir separados. En cada una reconoces un poco de la otra. A pesar de que hubo innumerables esfuerzos por asociarnos, hasta casi desaparecer claras líneas divisorias entre dos personalidades, nada pudo ser más imposible. Reconozco en ella fortalezas que en mi son debilidades. Por eso aplaudo el cliché más sonado en nuestras vidas:

“¡Qué lindas las hermanitas Barrios Ayala!”.

Siempre compartiremos el escuchar y reír con picardía del ambicioso y frustrado proyecto de intentar hacernos parecidas.

http://revistamono.com/

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