Betina Barrios Ayala

Mea Culpa

In Reflexión on mayo 8, 2012 at 11:24 pm

Conversando con una amiga durante un espontáneo y delicioso encuentro, entre tantos temas que tocamos poniéndonos al día, coincidimos en lo que puede ser la explicación del origen de un gran número de circunstancias de la vida humana que están asociadas al sufrimiento, al falso apego, a la tristeza. Hay distintos comportamientos que demostramos en la vida que relacionan la forma de actuar y la religión, y que se revela claramente en muchas decisiones que tomamos, que inconscientemente son un puro resultado de la culpa.

Y la culpa es una institución católica. No voy a debatir ni criticar religiones, pero hay que tener los ojos bien abiertos a la hora de analizar cómo nos sentimos frente a algunas situaciones y a estar conscientes de que hay componentes en nuestra mente que nos pueden jugar una muy mala pasada. Por ejemplo, todas las veces que dejamos de hacer algo que quizás nos haría muy felices, pero no, porque nos hace sentir culpables. La típica relación tormentosa, en la que te puedes obsesionar por hacer funcionar lo imposible. ¿Y por qué? Porque ya es tu cuarto novio de dos años y no puedes con la culpa de otro que no va. No tiene sentido. Pero es así. Muchas veces lo que nos lleva a querer estar con la misma persona puede ser la culpa que nos genera pensar que ya vendrá otro con el que también te vas a involucrar. Así que se borra la boda con el vestido blanco. Por menos que nos pase la idea por la cabeza, es algo que está ahí. Y hay que aprender a identificarlo.

La familia. El ideal de tener una. El matrimonio perfecto. La esposa pura y virgen. ¿Hasta qué punto es esto lo que realmente importa? Si el matrimonio es para siempre, no puede ser algo que se basa en un sentimiento de culpa. Es como una estigmatización. No es la felicidad sólo por su carácter impositivo.

Es un tema un poco duro, pero así son las cosas. Y esta es solo una de las situaciones. También los reclamos que nos hacemos a nosotros mismos con críticas muy fuertes que nos hacen sentir que nos enfrentamos al fracaso. No es así. Hay batallas que es mejor retirarse que “ganar”. Permanecer en pugna frente a nosotros mismos y los demás solo por culpa. Un sentimiento horrible y que a veces ni siquiera es real. Pensar en que alguien se sentirá mal por la forma en que actuemos, eso ya condiciona un resultado y es demasiado egocéntrico. Y si bien no invito a pasarle a nadie por encima, eso no puede ser una razón para decidir qué hacer.

“Cada día es una oportunidad”, como dice Ruperta Bonafides. No hay que detenerse a tropezarse con la misma piedra o entrar en la misma calle ciega. Hay que enfrentarse a los retos que estarán siempre ahí. Hay que ver lo real. Esos espejismos de la culpa son una fantasía que no le brinda felicidad a nadie.

Al final, tanto cuestionamiento: ¿Hasta qué punto es pura “culpa” de la religión? ¿Hasta qué punto nos dominan las reglas personalmente impuestas?

La perfección no existe. Sólo existe lo real, sólo existe hoy.

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