Betina Barrios Ayala

Relato Insular

In Crónica on enero 5, 2012 at 10:51 am

Un perro naranja de felpa sobre el tablero de su Lincoln te mira fijamente situado desde el frente, justo debajo de los ojos en la dirección en que va la mirada hacia el camino. Estamos en la isla, todo está despejado, soleado, azul y verde. Jaramillo conduce su taxi y vive en Altagracia. Dice: “yo no soy político”, mientras observa a su alrededor toda la propaganda previa a las elecciones; como si opinar te convirtiera en partidario.

Su hijo es militar y trabaja en la frontera con Brasil; recorre medio país para reunirse con los suyos en las navidades. Jaramillo conduce con su brazo izquierdo fuera de la ventana y saludando a todo el que pasa. A pesar de su insistencia en decir que no es político, su popularidad en el pueblo, si otras fueran sus ambiciones, daría para pensar en ser alcalde. En Venezuela ser militar puede representar una salida, una forma de ascenso social, no hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta, solamente miremos a nuestro presidente. Así es que comenta con total sinceridad: “Sí, mi muchacho se recorre todo el país, y en estas fechas viaja todo el mundo. No hay pasaje. Ni él que es militar consigue. Saca tú la cuenta, mi amor ¿Qué queda pa’ los demás?”. Yo lo miro y le sonrío, no tardo en asentir dándole toda la razón.

Observo por la ventana todo a mi alrededor, muchachas muy jóvenes sentadas en los portales de sus casas junto a sus hijos; nunca es demasiado temprano para hacer familia si es poco lo que tienes para hacer. Pasan bicicletas; en la costa abundan, casi todo el terreno es plano y eso ayuda a desplazarse cómodamente sin motor y sobre dos ruedas. Suena el celular de Jaramillo, lo mira de reojo y me dice: “Mi amor, léeme ahí lo que dice esto que yo no lo sé usar”.  Lo miro y sonrío, no puedo negar la simpatía que siento frente a la autenticidad humana. Le digo que cómo no. Tomo el celular entre mis manos y leo en voz alta: “Ya están listas las hallacas”. Él sonríe al escucharme y me dice que pronto va a ir a recogerlas, que se las encarga a Chuo todos los años, que son las mejores de toda la isla.

Recorremos Margarita juntos, mirar la realidad desde sus ojos es otra. Me dice que la mejor playa, el paraíso, está cerca de La Restinga. En ningún momento dudo de su palabra, quién podría conocer más de este lugar que alguien como él. Jaramillo tiene 48 años, es padre desde los 18, vive una vida muy sencilla cerca del mar. Su mujer trabaja en desarrollo social, con las misiones del gobierno. Aparentemente ella sí es política, me sonrío al escucharlo hablar. Casi la tengo dibujada permanentemente en la cara para hacernos sentir cómodos mientras me cuenta un poco de su vida desde Playa Caribe hasta Porlamar.

Vamos rodando por este camino, por algunos momentos en silencio, pienso dentro de mí que hay tantas cosas que nos rodean que simplemente no podemos comprar. Hay tanta riqueza en las cosas sencillas y no se pueden poseer, solamente se pueden observar y adueñarse con la vista por algunos minutos y almacenarlo en el recuerdo. La sencillez de algunos es algo que sin darnos cuenta nos enriquece, nos enseña que muchos son felices con muy poco, y que a veces somos realmente injustos al lamentarnos de nuestra propia suerte cuando somos profundamente ricos.

En una lectura que hice hace pocos días, comentaba que el más reciente informe sobre el desarrollo humano de la ONU señala que la riqueza total de los primeros 358 “multimillonarios globales” equivale a la suma de ingresos de los 2.300 millones de personas más pobres, es decir el 45% de la población mundial[1], frente a esto es poco lo que podemos decir. La desigualdad es parte de nuestra realidad y lo más importante es saber convivir con ella y evitar que esta sea una excusa para obrar de mala manera. No hay justificación para culpar a los demás de nuestra suerte si es que es una característica de este mundo; algunos siempre tendrán más que otros. Lo importante es asumir la realidad y aspirar a mejorarla con el fruto de nuestro esfuerzo. Siempre podemos apuntar a más, pero no es necesario compararse con los demás, eso sólo traerá pérdidas de energía que bien ha podido ser empleada en trabajar para obtener beneficios positivos para nuestro crecimiento.

Solo espero que Jaramillo mantenga su sonrisa espléndida a bordo de su taxi, donde me dijo caben 7 personas y 3 niños. Admiro su buena actitud hacia la vida y su capacidad para disfrutar de su realidad, buscando sobrevivir y mejorar gracias a su trabajo. El trabajo bueno y sano que lo conduce hacia el éxito de sentirse satisfecho frente a su vida.


[1] Bauman, Zygmunt. La Globalización. Consecuencias Humanas. Editorial FCE. Buenos Aires. 1998.

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  1. Grata prosa, prima linda. Muy gráfica, muy suave y amigable. Un auténtico recorrido. Te quiero demasiado y fue lo máximo verte a inicios de este año. Abrazos y @poematerapia!

  2. Gracias Prima bella! Para mí también fue maravilloso verte y así comenzar este año con un abrazo y beso tuyos! Además de esa buena bailada! Te quiero! 🙂

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