Betina Barrios Ayala

Mi ambigua relación con Hugo

In Política on septiembre 4, 2011 at 12:06 am

Él es presidente de Venezuela, militar y político, poderoso y carismático. Yo soy venezolana, estudiante, ciudadana y observadora, intentando no fracasar en la tarea de ser objetiva.

Honestamente me gustan muchos de sus comentarios. Habla sobre temas sensibles y que nos importan a todos, como la salud y la educación. Si algún venezolano está teniendo alguna participación deportiva o cultural se emociona y se muestra como un auténtico fanático. Confieso que a veces me cae bien, que pienso que tiene un proyecto en mente y que es apasionado por lo que cree.

Ahora, hay tantas cosas que creo que Hugo no quiere ver, y que a pesar de su simpatía son imposibles de obviar. Por ejemplo, es un acto cotidiano en todas sus apariciones físicas o virtuales, el hecho de responder personalmente a la problemática que pueda presentar alguien, venezolano, que pide una solución. Quiero decir; para comunicarse con él no hay instituciones. Tenemos un jefe de gobierno democrático con personalidad de Emperador.

Y si bien me parece un buen gesto responder personalmente a las peticiones de los venezolanos, me indigna saber que a pesar de haber tenido un tiempo a la cabeza del país, aún no existen los mecanismos institucionales necesarios para hacerlo funcionar. ¿Acaso es justo que si quiero tener acceso a una casa, deba comunicarme directamente con Hugo? La verdad que tengo la seguridad de que Venezuela y su gente no debe ser tratada como si fuésemos un pequeño poblado. Colapsarían los teléfonos si Hugo atendiera todos los llamados. ¿No sería más sencillo tratarnos a todos por igual? Al menos sería más justo que existiera algún organismo lo suficientemente serio que él avalara y promocionara, que permitiera aplicar a un proyecto habitacional. Hacerle mención a @chavezcandanga en Twitter para pedir una casa, es uno de los actos más retro que he visto en los tiempos modernos.

Es aquí donde vienen mis sentimientos ambiguos. Hugo quiere ayudar, pero no sabe cómo hacerlo. Quiere ser el responsable de todo actuando como un padre de niños malcriados en vez de educarnos en el camino de respetar los mecanismos para acceder a soluciones. Hugo es un tipo ambicioso que aspira a construir un Estado protector que sea el único empleador y hacerse cargo de todo. Hugo dice “Venezuela Grande”, pero la trata como una finca.

Reconozco el amor de Hugo por el país, pero me indigna ver como se adueña de él. ¿Hacia dónde vamos en una democracia moderna en la que el presidente a través de los medios de comunicación se burla de las instituciones y funcionarios públicos? No tolero tener que pensar que le tengo que enviar un correo para decirle que CADIVI no me ha aprobado mi última remesa.

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