Betina Barrios Ayala

DesNudo

In Caracas, Diario, Poesía, Reflexión on julio 21, 2016 at 8:31 am
Nu Couch, Henri Lebasque, 1927

Nu Couch (1927) Henri Lebasque

‘Ahora, inmediatamente, es aquí donde comienza
la primera señal del peso del cuerpo que sube.
Aquí cambio de mano y comienzo a ordenar el caos’.
Inéditos y Dispersos
Ana Cristina Cesar
(Río de Janeiro, 1952-1989)

Porque soy capaz de ser y no ser. Allí radica mi dolor. Habito el espacio y a la vez soy extraña a él. Camino mi ciudad reconociéndola cada día como un lugar nuevo. Soy incapaz de pertenecer. Ella tampoco se entrega. Donde me encuentre sabré que no estoy en realidad. Abro los ojos tantas noches, solo para saberme extraña, ausente, ocupando un espacio siempre ajeno. Contemplo con tristeza el vacío, no busco enfocarme en nada. Trato de quedarme un poco en todo, y que un poco de todo se quede en mí. Pero con suavidad, sin invadir. Esa no pertenencia explica la continuidad de mi piel, que no ha sido nunca lienzo para ninguna tinta. Me rehúso a poseer, y nada entonces, creo, será capaz de poseerme. Y lo he intentado, solo que es demasiado peso para soportar. La carga propia ya oprime mi alma, no tengo la fuerza suficiente para ser el vertedero de nada. Ni siquiera del amor, que tantas veces se asemeja a la aguja con tinta que no me he permitido tantear. Ni siquiera para ver qué se siente, ni siquiera para permitirme ser curiosa, ni siquiera para abrirme, como es natural en mi anatomía, tantas veces extraña, porque suplica con sus formas la invasión. Esa sed física, ingobernable, gestiona mis deseos más primarios. Tampoco me pertenecen, son parte de todo aquello que, invariablemente, me constituye como ser. Solo habito el espacio de mi carne, que tantas veces me aprisiona. Pero ya, he hecho de mi vida un campo para la siembra, invierto, hago crecer, para que luego todo se vaya.

La pérdida es el origen de todas las cosas.

Sedimento

In Caracas, Poesía, Uncategorized on mayo 27, 2016 at 9:11 pm
IS0689

Aerial Series ISO689, Islandia Emmanuel Coupé

Me he arrojado a los leones.

Abro los ojos y soy una cebra, las marcas mi cuerpo tallan. Llevo el temblor dentro, y el templo de tu abrazo es solo escombros. La figura del hombre cayendo que se asoma con el alba es un reflejo. Soy un gato, me agazapo. Ahora espero el momento de saltar. Huiré entre los árboles, soplaré el viento de tu dulce nombre. Desapareceré y mudaré de piel. Me dejaré ir, desdoblaré el recuerdo, hundiré tu sombra detrás de las sombras más oscuras de mi memoria. No cuidaré tus ojos verdes.  Dulce verde campo minado de bruma, la transparencia escapa de tu reino. Acuéstate sobre mis heridas, estampa tu cruda visión. Aguárdame en las horas en que nada te pueda cazar. Hazme el regalo de arder, yo descanso en la tumba de nuestro nombre. No soy más que cenizas. El campo desierto donde yace tu venganza. No me asomo al duelo. Tus pasos crujen en la habitación de al lado: leche derramada, añicos dispersos. Amaneceré de rodillas en la cama, los ríos de tu sangre me atraviesan. Desnudaré mis lágrimas en la plaza de toros donde yo soy la estocada, la herida, la abertura que signa tu lanza. Divertido espejismo de un compañero vestido de garza blanca.

 

 

¿Qué soy?

el faro de tus miedos
el espejo que te nombra
la gota dulce que se vierte
la huida inevitable
las ganas de llover

 

Red

In Caracas, Diario, Poesía, Uncategorized on mayo 16, 2016 at 9:13 am
Rothko, Untitled, 1970

Untitled (1970) Mark Rothko

Siento un inmenso hartazgo hacia todo y desde todo. No puedo gritar, da lo mismo. Busco escribir esto, abro la gaveta, consigo un marcador fino rojo. Me fijaré en todas las cosas que he escrito en rojo en mis cuadernos. Aparece el color rojo justo cuando es una emergencia. Las palabras comienzan a llover mientras estás haciendo otra cosa. Temes que se desintegren en el recuerdo. Te vuelves a decir que necesitas un grabador de voz ¿Vuelves a decirte que necesitas? Es el color rojo. Buscaré algo que haya escrito también antes bajo este impulso y esta causalidad. Buscaré el vínculo entre la sangre, lo vital, que borbotea; y las palabras urgentes escritas con tinta roja. Aquí hay una, es una cita de Lorca:

‘En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida’

Flota en el centro de la hoja, una nube roja. Estoy en ella tanto como si la hubiese escrito. La reescribo en mis páginas como una extensión de mis dedos, de mis uñas mordidas, con sus hilos grana en los contornos, con ese dolor en las esquinas.

Más adelante, un poema:

Sé que soy la hija de mi abuelo,

cuando vierto el agua en los tobos de mi memoria,

soy de él entre los árboles,

cuando escucho los pájaros,

cuando me siento triste

 

El primer patio,

todas las horas de tierra húmeda,

donde todos mis santos

florecieron entre sus pasos

Y este texto, que pasará a ser un discurso rojo en el mismo cuaderno, que tiene esos pedazos de algunos días que he dejado algunos impulsos por decir. Así es que hoy, tengo hartazgo porque aparece en todo, porque nunca he estado más segura de ser una isla, nunca he deseado tanto desaparecer, el silencio. Siento urgencia de solitud, siento ganas de claros cielos y el silencio, siento, el cielo, persigo el silencio.

Dejaré aquí puesto sentado que hay demasiado ruido, que todo es violencia, que apesta el encierro, que basta de quejas, de sorprenderse de los malo, de ahogarse en las promesas de lo que no se hizo. No se hizo. Se deshizo. No se puede volver atrás, solo adelante, no hay otra dirección sino en la densa memoria, la única vislumbre del pasado, que bien sabemos no posee certezas. Hemos modelado los recuerdos para excusarnos, hemos traído el recuerdo al presente para sentirnos con poder, hemos sido prepotentes, temerosos, elementales.

Vivir en el recuerdo es un vicio inevitable (para algunos, quizás todos), porque comienza a pesar la maleta. Es esa la metáfora de esta vida, por eso es que la experiencia es tan bella, pero quizás necesita un límite, sobre todo cuando su dureza te hace pensar en eso. Y te repites, ‘mejor déjalo así’, ‘calla’, ‘quédate con lo que puedas’, ‘no te mutiles’, ‘pon el corazón duro’, ‘no sientas’.

Déjalo ser, no puede(s) ver, tro(em)pieza otra vez.

*Red (acepción DRAE)

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.549 seguidores